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SÁBADO 23/03/2019

Sin reformas, no habrá milagros para el empleo

CALas razones para explicar un mercado laboral que vegeta con bajo crecimiento del empleo, salarios estancados o declinantes, baja productividad y costos altos no parecen tener consenso entre analistas, políticos, empresarios y sindicatos. No sirve de mucho una aproximación parcial que destaque que "hay mucho empleo en negro", o que los sectores que crecen "no crean empleo", o que hay que "prohibir los despidos para evitar que el empleo caiga en recesión". Semejantes afirmaciones no llevan a ningún lado. Sin embargo a poco que organizamos profesionalmente la evidencia empírica disponible nos podemos dar cuenta que las razones -o más bien las "sinrazones" diría Cervantes- de la miserable evolución de nuestro mercado laboral se encuentran debajo mismo de nuestras narices. Como en La Carta Robada -el cuento de Poe1- no supimos buscar la evidencia.

Es parte de una buena descripción, sin dudas, destacar la elevada informalidad del mercado laboral argentino, pero ello no "explica" qué es lo que la genera. Asalariados y trabajadores por cuenta propia no registrados suman 40% de los ocupados (8.1 millones de puestos al segundo trimestre de este año), porcentaje que podría llegar al 45% o más si tenemos en cuenta que muchos formales autoempleados (y también una parte del personal doméstico formal) están en el límite de la formalidad (mediciones de informalidad por productividad así lo reflejarían).

La informalidad sin embargo no nace por generación espontánea. Como la inflación, no es más que el síntoma de un problema, en este caso asociado a una débil tasa de creación de empleos formales. No se trata que el empleo no crezca porque cada tantos años explotan los despidos (salvo en la gran crisis del 2002) pues como puede verse en el gráfico las tasas de creación y destrucción de puestos formales son parejas, sólo que la tasa de creación de empleos es "demasiado parecida" a la de la destrucción, y por lo tanto la creación neta se acerca a cero. El problema de fondo no es "blanquear" -como se propone reiteradamente a través de proyectos legales con apoyo sindical y empresario- sino aumentar la tasa de creación de empleo formal.

Cuando no se crea empleo "falso" -como durante la etapa de masiva incorporación de empleados públicos en la gestión de los Kirchner- el mercado laboral formal queda librado a la creación neta de puestos en el sector privado, y como esa creación neta es débil, el mercado se estanca. Las mayores tasas de creación de empleo informal -empleo que se crea a sí mismo, con productividad de subsistencia- se registra en períodos macroeconómicos turbulentos, como 2001/2002, o bien en aquéllos con grandes distorsiones de precios relativos que sesgan la demanda contra el empleo formal (los 90), y también en los períodos de estanflación secular (los 80, y los últimos siete años).

Deberíamos también observar que el único período de fuerte creación de empleo formal en el que al mismo tiempo se desaceleró el empleo informal fue el quinquenio 2004/2008 (excluyendo la recuperación de 2003 y teniendo en cuenta que ya a mediados de 2008 -con la crisis financiera- se frenó ese crecimiento). En este período el empleo formal privado creció 6,8% anual mientras que el informal lo hizo a sólo el 0.3% anual. El PIB creció 7,8% anual en un contexto de un elevado tipo de cambio real multilateral (34% superior al promedio de noviembre 2018, 108% mayor que el promedio de la Convertibilidad), con términos del intercambio excepcionalmente favorables y un nivel de costos laborales unitarios en dólares 35% inferior al promedio de los 90.

Aun si no conociéramos mucho más del contexto que rodeó esos distintos períodos, el mensaje escrito en "la carta robada" es bien directo y consistente con lo que se espera de un mercado laboral: difícilmente podremos desarrollar un escenario de expansión del empleo de alta productividad en un contexto macroeconómico de bajo o nulo crecimiento con costos laborales unitarios que nos sacan del mercado. Si bien algo se está haciendo para corregir algunos desequilibrios, se requiere un salto cualitativo de las propuestas de reforma legal para que el empleo privado formal vuelva a crecer. Para ello es esencial reducir en tendencia los costos laborales unitarios, lo que equivale a aumentar también en tendencia la productividad del empleo. Los riesgos que se enfrentan a corto plazo son varios: los costos pueden elevarse por aumentos salariales mayores que la depreciación del peso, por caída de los términos del intercambio, por aumento de costos agregados de la economía (gasto público), por la evolución débil de la productividad (lo que ocurre con bajos niveles de inversión), por altos niveles de impuestos al trabajo (como tiene Argentina respecto del resto de emergentes), o por restricciones regulatorias sobre el empleo que limitan mejoras de productividad laboral.

Sin reformas profundas seguiremos desarrollando un mercado laboral empobrecido, con niveles salariales declinantes. Después de todo, hace ya varios años que la Argentina choca con un PIB que no supera los u$s 600.000 millones, y cada tanto cae al entorno de los u$s 450.000 millones. Mientras tanto la población crece, y el producto por habitante sigue cayendo en tendencia respecto del PIB por habitante en el resto del mundo.

Comentarios1
Fab Febo
Fab Febo 13/12/2018 12:24:55

Puro cuento . Con reformas todo seguir� igual !

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