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El Global Office Fit-out Cost Guide 2026 de Turner & Townsend, que analizó 58 ciudades, ubicó a Bogotá en el puesto 48, con un costo promedio de USD 1.759 por metro cuadrado para proyectos de alto estándar.

Nueva York lidera el ranking global con USD 5.885/m², mientras que Buenos Aires —la más cara de la región— alcanza los USD 5.861/m². Montar una oficina premium en Bogotá cuesta entonces unas tres veces menos que en Buenos Aires o en Manhattan, una brecha que se vuelve estratégica en un contexto de costos de construcción en alza.

¿Qué es el “flight to quality” y por qué redefine el mercado actual?

El informe identifica un fenómeno global: el flight to quality, la tendencia de las empresas a optar por espacios de mayor especificación aunque cuesten más.

“La demanda se está concentrando en oficinas Clase A y A+, mientras que los activos de menor calidad presentan mayores niveles de vacancia”, explica Jimena Casas, Directora de Real Estate de Turner & Townsend Colombia. Según Casas, más del 50% de las empresas planea ampliar sus espacios, pero priorizando calidad, ubicación y especificaciones técnicas antes que metros cuadrados: “Las decisiones inmobiliarias hoy son más estratégicas y menos volumétricas”.

El trabajo híbrido no eliminó la oficina, la reinventó —con layouts flexibles, amenidades de primer nivel y mayores exigencias de sostenibilidad— y eso tiene un precio. Lo singular de Bogotá es que logra ese estándar internacional con una estructura de costos que ninguna otra gran ciudad de la región puede igualar.

Bogotá se posiciona como la ciudad más competitiva de América latina en costos para oficinas corporativas premium.
Bogotá se posiciona como la ciudad más competitiva de América latina en costos para oficinas corporativas premium.Fuente: ShutterstockShutterstock

¿Por qué Bogotá es tres veces más barata que Buenos Aires?

El informe explica que Buenos Aires lidera el ranking de costos no por demanda, sino por los aranceles de importación, que pueden encarecer materiales e insumos hasta un 150%, ubicándola por encima de Zúrich, Los Ángeles o Tokio en fit-out.

Colombia, en cambio, tiene una cadena de suministro más abierta y diversificada, lo que reduce su exposición a shocks extremos: “El mercado colombiano tiene mayor apertura y diversificación, y la previsibilidad en costos y tiempos es un factor clave para inversionistas, especialmente en desarrollos corporativos de mediano y largo plazo”, señala Casas.

El rol de la inteligencia artificial

La IA es uno de los factores que más transforma los requerimientos de infraestructura corporativa. En ciudades como Nueva York, las oficinas ya usan sistemas de IA para gestionar amenidades y optimizar climatización e iluminación, lo que encarece y complejiza los proyectos.

En Colombia, esto se cruza con otro dato: Bogotá concentra más del 80% de los centros de datos del país, se perfila como el segundo hub de data centers de mayor crecimiento en América latina y espera albergar la primera región de AWS en el país.

“El crecimiento del ecosistema digital está elevando el estándar del espacio corporativo. La presencia de data centers y la llegada de hyperscalers impulsa la demanda de edificios preparados para alta conectividad, resiliencia y eficiencia energética”, desarrolla Casas.

Desde los mercados más maduros, esta conversación también empieza a llegar a la región. María Velázquez Sanclemente, agente del Corcoran Group con operaciones en Nueva York y Florida y más de USD 2.000 millones en ventas, trabaja con inversores privados expuestos a los principales mercados internacionales: “Hoy los desarrolladores más sofisticados comienzan a pensar en capacidad eléctrica, conectividad, resiliencia tecnológica e infraestructura preparada para las nuevas demandas de la economía digital”, define.

¿Bogotá está en la mira del inversor internacional?

Para Velázquez Sanclemente, “existe una brecha entre los fundamentales de Bogotá y la percepción internacional que aún tiene el mercado”. La calidad de los desarrollos bogotanos, dice, ya compite en diseño y acabados con proyectos internacionales, y el bajo costo no es una señal de debilidad sino “una oportunidad de creación de valor”.

Aun así, aclara que liquidez, estabilidad jurídica, acceso a financiamiento y profundidad de mercado siguen dando a Nueva York una ventaja estructural. El desafío de Bogotá, sostiene, es menos de producto y más de reputación: Colombia ya forma parte de conversaciones de inversión en sectores como turismo, hospitalidad, energía y desarrollo inmobiliario.

“El reto no es generar interés, sino continuar cerrando la brecha entre la calidad real del mercado y la percepción que aún existe en el exterior”, señala.

¿Qué debe hacer Bogotá para seguir siendo la ciudad más barata de América latina?

El propio informe advierte que la competitividad de Bogotá no está garantizada: la baja disponibilidad de oficinas premium ya presiona al alza las rentas en los activos mejor ubicados, lo que podría erosionar la ventaja de costos si la oferta no crece al mismo ritmo.

“Los desafíos han evolucionado: la energía y la cadena de suministro siguen siendo relevantes, pero hoy se suman la integración tecnológica, el cumplimiento de estándares ESG y la necesidad de mayor sofisticación en los proyectos”, reconoce Casas.

Aun así, remarca que la competitividad de la ciudad no se basa solo en precio, sino en la combinación de costo, calidad y capacidad de ejecución, algo que por ahora sigue siendo difícil de replicar en otra ciudad de la región.