Los inviernos pueden convertir algunas carreteras de grava en superficies difíciles de transitar debido a los ciclos de congelación y deshielo. En Maine, Estados Unidos, un grupo de ingenieros decidió probar una alternativa poco habitual: utilizar miles de neumáticos usados como parte de la estructura de una carretera.
El experimento fue impulsado por Dana Humphrey, ingeniero civil de la Universidad de Maine, y se llevó a cabo en Dingley Road, en Richmond.
Para la prueba se utilizaron unos 20.000 neumáticos triturados, colocados debajo de la grava en un tramo de aproximadamente 183 metros. Los resultados mostraron una reducción considerable de la penetración de la helada y un mejor comportamiento del camino durante el deshielo, según informó Los Angeles Times al reportar el proyecto.
Los neumáticos quedaron debajo de una carretera de grava
Los neumáticos no fueron enterrados enteros. Fueron cortados en fragmentos de aproximadamente 5 a 7,5 centímetros y distribuidos formando una capa de entre 15 y 30 centímetros de espesor. Encima se colocaron diferentes capas de grava para que la superficie mantuviera las características de una carretera convencional.
Para estudiar qué ocurría debajo del camino, los investigadores instalaron más de un centenar de sensores de temperatura a distintas profundidades. De esta manera pudieron seguir durante el invierno la evolución térmica del terreno y comparar el tramo con sectores construidos únicamente con grava.
La documentación técnica del proyecto registra cerca de 20.000 neumáticos triturados y capas de caucho de distintos espesores.
El caucho ayudó a reducir la penetración de las heladas
Una de las principales ventajas del material estaba relacionada con sus propiedades físicas. Los fragmentos de neumático tenían una densidad mucho menor que la grava, por lo que permitían reducir el peso que debía soportar el terreno.
Al mismo tiempo, el caucho funcionaba como un material aislante y dificultaba la transmisión del frío hacia las capas inferiores.
Los espacios irregulares entre los fragmentos también favorecían el desplazamiento del agua. En la prueba, la penetración de la helada fue aproximadamente la mitad de la registrada en los sectores utilizados como comparación, mientras que el tramo con neumáticos presentó un comportamiento considerablemente mejor cuando llegó el deshielo primaveral.
La prueba también buscaba reutilizar millones de neumáticos
El proyecto tenía además un segundo objetivo: encontrar una alternativa para una enorme cantidad de neumáticos que terminaban convertidos en residuos. En aquel momento, Maine desechaba alrededor de 1,2 millones de neumáticos al año y una parte importante permanecía acumulada en depósitos.
La experiencia de Dingley Road abrió la posibilidad de utilizar los fragmentos de neumático como material de relleno ligero en otras obras de ingeniería.
Entre las aplicaciones estudiadas posteriormente estuvieron los rellenos para carreteras y estructuras de contención, aprovechando su bajo peso, capacidad de drenaje y propiedades aislantes.