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El mayor contrato en la historia de la computación en la nube tuvo el más humilde de los orígenes: un mensaje directo no solicitado en LinkedIn. Lo envió en la primavera boreal de 2024 un directivo de OpenAI a directores de ventas en Oracle Corp..

OpenAI estaba a la busca de potencia informática, como lo ha hecho más o menos de forma constante desde que su herramienta de inteligencia artificial, ChatGPT, irrumpió en la escena en 2022. Nada podía satisfacer su insaciable avidez de potencia en el procesamiento. En síntesis, OpenAI estaba desesperada.

El mensaje que activó Stargate

Por suerte para la firma, Oracle ya había bosquejado planes de un enorme centro de datos en el oeste de Texas. La idea original contemplaba una sociedad con xAI, de Elon Musk, pero el proyecto se desarmó. Fue más o menos por entonces que llegó el decisivo mensaje en LinkedIn.

Meses más tarde, en el segundo día de Donald Trump en su regreso a la presidencia estadounidense, directivos de Oracle, OpenAI y SoftBank Group presentaron en la Casa Blanca el plan para construir centros de datos de IA en toda la Unión. El proyecto fue denominado pomposamente “Stargate”.

Detrás de la pompa, “Stargate” es apenas un contrato gigantesco de computación en la nube: Oracle construirá múltiples centros de datos llenos de GPU para capacitar y correr las herramientas de IA de OpenAI. La startup se comprometió a gastar unos US$ 300.000 millones en el alquiler de servidores de Oracle.

Una apuesta colosal

Para entregar semejante potencia, Oracle tendrá que construir cinco complejos de centros de datos, que requerirán millones de chips y consumirán 4,5 gigavatios de energía, más que todos los hogares de Chicago.

Algunos planes ya van por detrás de lo previsto: la fecha inicial de finalización de algunos centros en EE.UU., que era 2027, fue corrida a 2028 por escasez de materiales y mano de obra.

Ellison en 1996Fuente: Gamma-RaphoWilliam STEVENS

Este emprendimiento se hace en nombre de una startup, OpenAI, que pierde miles de millones de dólares por año y cuyos productos aún no demostraron generar rendimientos que justifiquen semejante inversión.

Cuando se conoció la magnitud de las nuevas reservas en la nube, las acciones de Oracle sumaron US$ 250.000 millones en valor de mercado. Por algunas horas, Larry Ellison fue el hombre más rico del mundo.

Oracle, el eterno superviviente

Independientemente de lo transformadora que sea la IA, ya alteró la jerarquía tecnológica, impulsando a OpenAI y consolidando a Nvidia. Y luego está Oracle, una empresa de bases de datos con casi medio siglo que ha sobrevivido a ciclos que se perdió: la web, la movilidad y la primera ola de la nube.

La compañía ha afirmado que sus ingresos por infraestructura eventualmente superarán el resto de su facturación. En septiembre ascendió a su director de infraestructura en la nube, Clay Magouyrk, a codirector ejecutivo.

Pero el flujo de caja libre de la compañía ha sido negativo por primera vez desde 1992.

¿Burbuja o revolución?

Hasta el momento, el impacto económico real de la IA sigue siendo incierto. Abundan las advertencias de una burbuja tecnológica.

Microsoft, histórico rival de Oracle, se mostró más cauteloso cuando OpenAI le ofreció un acuerdo similar. “No tiene sentido”, dijo Satya Nadella respecto a construir centros de datos de múltiples gigavatios solo para entrenamiento.

Clay MagouyrkFuente: BloombergKyle Grillot

Oracle, en cambio, sostiene que la infraestructura de IA impulsará la demanda de otros productos como sus bases de datos.

Costos, energía y riesgos

Los centros de datos requieren decenas de miles de millones en costos iniciales. Microsoft gastó casi US$ 40 millones solo en cemento armado para un único centro.

La energía es otro problema: algunas instalaciones operarán con generadores de gas, con costos superiores a US$ 1.000 millones anuales.

Previsiones de analistas estiman que la apuesta por infraestructura será rentable solo después de absorber US$ 70.000 millones en pérdidas de flujo de caja en esta década.

Si OpenAI frena, el castillo tambalea

El acuerdo permite a OpenAI renovar o retirarse después de cinco años, aproximadamente una década antes de que venzan muchos contratos de arrendamiento de Oracle.

Si el crecimiento de OpenAI se desacelera, podría no necesitar tanta potencia informática ni tener los medios para pagarla. Oracle quedaría con activos extraordinariamente caros y poco líquidos.

La esfera en Las Vegas

“Hemos visto una correlación inversa entre los compromisos de OpenAI y el precio de la acción de Oracle”, señaló un analista.

Ellison, el competidor eterno

Ellison fundó Oracle en 1977 junto a Bob Miner y Ed Oates. Desde entonces forjó una reputación de agresividad comercial y combatividad legal.

Oracle perdió ciclos como la primera ola de la nube, pero ahora apuesta a que la IA será “el negocio más grande y de más rápido crecimiento de la historia de la humanidad”, según el propio Ellison.

Para que la apuesta de Oracle sea ganadora, solo tiene que tener razón.