Todo comenzó allá por el siglo XVII, cuando el explorador francés Samuel Champlain remontó el río San Lorenzo, fundando las primeras poblaciones de una comarca que sobrevivió gracias al comercio de pieles finas con los indios hurones e iroqueses. Hoy, la ciudad de Quebec y su río San Lorenzo, recuerdan con orgullo ser uno de los lugares de América del Norte en donde la palabra historia tiene un más profundo significado.
Las murallas de Quebec que resguardan la ciudad vieja resumen siglos de batallas, libradas en un pasado signado por hechos militares. Erigidas entre los siglos XVII y XIX bajo el dominio francés, y reforzadas luego por el imperio inglés, han contribuido a que la ciudad fuese designada por la UNESCO como patrimonio mundial de la humanidad, orgullo que solo ella puede disfrutar en América del Norte toda.
Atravesando cualquiera de las cuatro puertas de acceso, tortuosas callejuelas adoquinadas abren paso a grandiosas edificaciones, como la Rue du Trésor o la calle Saint Jean donde, además de desfilar continuamente antiguos carruajes tirados por caballos, se pueden escuchar conciertos al aire libre de estudiantes que dejan sonar sus flautas, violonchelos y violines.
La histórica Plaza de Armas, centro neurálgico del viejo Quebec, se encuentra dominada por el imponente Chateau Frontenac; un renovado edificio de estilo medieval y antigua residencia de los gobernadores. Sus torresillas y techos puntiagudos rememoran los majestuosos castillos franceses del Valle del Loire. Muy cerca, frente a la agitada Rue St.Louis, se encuentra el Convento de las Ursulinas que, junto al Seminario de Quebec, representan dos importantes centros educativos de la colonia.
El primero, fundado en 1639, constituye la institución pedagógica más antigua de América del Norte, mientras el Grand et Petit Séminaire, fundado en 1663, funcionó como colegio hasta mediados del siglo pasado, transformándose entonces en la Universidad Laval. Hoy, posee un prestigioso museo de carácter artístico-etnográfico.
Como sucede con todas las ciudades antiguas, la forma más indicada de conocer el casco histórico es a pie. En dirección al sector alto, se pasa inevitablemente por la Terraza Dufferin, donde todavía permanecen los cañones encargados de repeler los asedios enemigos. El lugar ofrece una incomparable panorámica del río San Lorenzo y de todo el sector viejo.
En la parte oeste de la ciudad fortificada, es imprescindible detenerse a visitar la Ciudadela, magnifica fortaleza con planta de estrella, que sirvió de batería a los franceses. Actualmente, funciona en su interior un interesante museo militar que alberga además una destacada colección del arte quebequense.
Otro ícono destacado de la Ciudad Vieja son sus iglesias con torres de espadañas y techos de cinc, como la basílica de Notre-Dame des Victoires (Nuestra Señora de las Victoria), de renovada fachada neoclásica y fastuosa decoración interior. Muy cerca del Castillo Frontenac se puede tomar el funicular hasta la parte alta de la ciudad. Otra opción es hacerlo por escaleras que salvan más de 50 metros de desnivel.Gastronomía regionalLa Place Royale, en la Ciudad Baja, fue el lugar del antiguo mercado colonial. Cercano a ella, no son pocas las mansiones de los siglos XVII y XVIII que permiten rememorar la prosperidad alcanzada por los mercaderes de la época. El Port Vieux (Puerto Viejo) es el lugar más indicado para comprar productos de mar y artículos regionales, así como para caminar por la antigua rambla de madera que se mantiene intacta, como el resto de esta maravillosa ciudad. De aquí parten continuamente embarcaciones a la isla de Orleans, distante a tan solo seis millas.
Fuera del recinto amurallado es obligado un paseo por la Grande Allée, saboreando un buen vino o una cerveza en sus particulares café terrazas, frondosos en flores durante el verano. En cambio, si se prefiere degustar pescado y mariscos propios del lugar, no faltarán restaurantes donde poder hacerlo. A pesar de la tradición culinaria francesa, se ha desarrollado una cocina regional típica quebequense en la que se funden con sabiduría sabores europeos e indígenas.
La ciudad de Quebec, bastión de la cultura francesa en América, es hoy un puerto de singular importancia dada su estratégica posición a orillas del río San Lorenzo. El origen latino de su población y belleza de la provincia, producto de la mezcla de cultura y naturaleza, hacen que el quebequense sea cordial, apegado a su cultura y a su lengua francesa y, por sobre todas las cosas, propenso a las fiestas.
El principal evento metropolitano es el carnaval en Febrero, que atrae gran cantidad de visitantes, mientras en julio la capital llena sus calles y parques de música y canciones para festejar el comienzo del verano. z weDatos útiles* Varias aerolíneas vuelan a Quebec con escala en Nueva York. Los precios de los tickets comienzan en los u$s 1550.
* El dólar canadiense está prácticamente al mismo precio que el estadounidense.
* Los hoteles en Quebec de tres estrellas ronda los u$s 100 diarios, en tanto uno de cinco estrellas puede alcanzar los u$s 400.
* Dos completos portales turísticos oficiales de la ciudad son: www.quebecregion.com y www.bonjourquebec.com.