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Hoy el consumo compra calidad dentro de una experiencia. El valor ya no está solo en lo que se adquiere, sino en cómo se accede, cómo se paga, cuándo llega y cuán confiable es todo el proceso.
El nuevo consumidor argentino no cambió solo sus hábitos: cambió el estándar con el que evalúa a todo el ecosistema. Quiere facilidad, velocidad, transparencia y control.
Y cuando un comportamiento se vuelve hábito, deja de ser tendencia: se convierte en nueva normalidad.
Este consumidor exige lo mismo que todos exigimos en nuestra vida diaria: información inmediata, atención disponible y respuesta consistente en cualquier canal. Está más informado que nunca, compara en tiempo real y decide con criterio.
Una experiencia que atraviesa todo el recorrido
La omnicanalidad no es una estrategia: es la realidad consolidada del mercado.
El argentino puede comenzar buscando desde el celular, validar en tienda y finalizar online si encuentra mejores condiciones. El recorrido dejó de ser lineal. La experiencia, para él, es una sola.
Ese comportamiento transformó el rol de toda la cadena de valor. La decisión de compra empieza antes del clic: en la búsqueda, en una recomendación algorítmica, en una reseña o en la confianza del sitio elegido.
Y continúa después de la entrega: servicio posventa y garantía responden por una parte central del valor percibido.
Tiendas físicas, IA y nuevos hábitos
El proceso de compra se expandió. Las tiendas físicas siguen siendo relevantes, ahora como puntos de experiencia, consulta y retiro.
Los sitios propios conviven con marketplaces, redes sociales y canales directos. El consumidor no reconoce fronteras entre online y offline.
En este escenario, la inteligencia artificial está acelerando la transformación.
Primero adentro de las empresas: automatizando, mejorando procesos e inventarios. Luego hacia afuera: personalizando, asistiendo y acompañando decisiones de compra.
Hoy ya existen asistentes que recomiendan, guían y simplifican. Muy pronto, agentes autónomos compararán por nosotros, negociarán precios y definirán alternativas.
Las marcas deberán aprender a convencer no solo a personas, sino también a sistemas inteligentes que filtrarán opciones con criterios preconfigurados por los usuarios.
Más apertura, más competencia, más responsabilidad
El contexto de mayor apertura comercial vuelve este escenario aún más relevante.
Más oferta significa más competencia, lo cual es positivo para el consumidor.Pero esa competencia debe darse bajo reglas claras, criterios homogéneos y condiciones equitativas.
En un mundo con fronteras comerciales difusas, la eficiencia, la tecnología y la capacidad de entrega se vuelven diferenciales clave.
El desafío es que la apertura conviva con previsibilidad para que los jugadores locales puedan competir.
Un ecosistema argentino preparado
La buena noticia: Argentina llega preparada.Los usuarios ya adoptaron masivamente una infraestructura digital robusta.
Según nuestro estudio MIDTerm 2025:
• Medios de pago: el uso de billeteras electrónicas casi triplicó al año anterior.• Financiamiento: 9 de cada 10 empresas ofrecieron cuotas, la mayoría hasta en seis pagos.• Logística: el 33% de las entregas ya se realiza en menos de 24 horas y crece el retiro en tienda.
Ninguno de estos avances fue casual: son el resultado de inversión, innovación y aprendizaje colectivo.
Competir mejor: regulaciones modernas y menos costos
Persisten desafíos. El costo argentino sigue pesando y la presión impositiva —en especial Ingresos Brutos— afecta fuertemente al comercio electrónico.
Para que las empresas ganen terreno en un mercado global más abierto, necesitamos regulaciones modernas, simples y equitativas.
Las recientes elecciones legislativas mostraron a un país discutiendo cómo integrarse al mundo, generar empleo y potenciar sectores competitivos.
El comercio electrónico ya demostró ser un motor federal, innovador y democratizador. Ahora, la oportunidad es consolidarlo como pilar estratégico de la economía.
El futuro ya llegó
El nuevo consumidor ya está acá.Argentina tiene talento, tecnología y cultura digital para acompañarlo.
Lo que falta es un marco que premie la inversión, impulse la formalidad y potencie la competitividad.
Porque cuando se le dan las condiciones, el comercio electrónico argentino no solo crece: lidera.
Y cuando lidera, gana el consumidor, gana la empresa y gana el país.