En los últimos tres meses, una modalidad de ataques a cajeros automáticos de bancos en Brasil, con el uso de dinamita, colocó en evidencia los riesgos de seguridad inherentes a ese tipo de equipos.
Sólo en el Gran San Pablo se registraron en mayo más de treinta casos con explosiones de cajeros.
Esa situación aceleró la búsqueda, de parte de fabricantes y bancos, de tecnologías capaces de inhibir ese tipo de acción, además de otras amenazas que comienzan a surgir, como los virus creados específicamente para cajeros electrónicos.
Una de las principales novedades es un sistema que mejora el gatillo de tinta accionado para inutilizar las billetes en caso de ataque, con el uso de dinamita o no. La medida se tornó necesaria después de descubrirse que algunas pandillas estaban, literalmente, lavando dinero para reutilizar los billetes teñidos con la famosa tinta rosa.
Para Carlos Alberto de Pádua, vicepresidente de tecnología de Diebold, fabricante de cajeros automáticos, teñir los billetes es la medida más eficaz para combatir esas prácticas. Sin embargo, la urgencia en la adopción de tecnología abrió la posibilidad de una serie de fallas. Ningún banco tenía ese sistema en Brasil. La tecnología no estaba madura y por eso ocurrieron casos como el derrame de tinta en cajeros que no fueron atacados, afirmó De Pádua.
Con la escalada de los ataques, Diebold invirtió R$ 500.000 para desarrollar productos dedicados específicamente a esos casos. El paquete engloba software, cámaras de monitoreo y sensores que detectan comportamientos anormales en las máquinas y en el ambiente de los cajeros.
Tenemos sensores térmicos y de vibración que identifican cualquier interacción sospechosa con la máquina, dijo De Pádua.
Esos sensores disparan alertas para las centrales de monitoreo que, a su vez, accionan el gatillo de tintas remotamente. El sistema es capaz de disparar el recurso automáticamente. Además, Diebold desarrolló una tinta especial para evitar que los criminales consigan remover las machas de los billetes.