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Hace 800 años, un manuscrito del Nuevo Testamento del siglo VI fue desmantelado por alguien del Monasterio de la Gran Lavra, ubicado en el Monte Athos de Grecia. La tinta de estas páginas fue borrada y pasaron a formar parte de otros volúmenes.

No obstante, un equipo internacional que lideró el profesor Garrick Allen de la Universidad de Glasgow anunció la recuperación de dichas páginas: fueron reconstruidas por los trazos de tinta fantasma que quedó en las hojas.

Hace 800 años, un manuscrito del nuevo testamento del siglo VI fue desmantelado por alguien del Monasterio de la Gran Lavra, ubicado en el Monte Athos de Grecia (foto: archivo).

Se recuperó un manuscrito perdido del Nuevo Testamento: ¿Qué hay en esas páginas?

Las páginas recuperadas pertenecen a una copia antigua de las Cartas de San Pablo, que se incorpora en lo que se conoce como el Nuevo Testamento. Si bien no se trata de textos nuevos ni desconocidos, el valor reside en la antigüedad de los escritos.

Esto permite ver cómo se transmitían los textos bíblicos hace siglos y muestran variaciones, correcciones y formas de copia. Adicionalmente, aportan información sobre la evolución del texto a lo largo del tiempo.

El método utilizado para la recuperación: imágenes multiespectrales y datación por radiocarbono

Para reconstruir el texto, los científicos aplicaron dos técnicas clave. Por un lado, utilizaron imágenes multiespectrales, que consisten en fotografiar el manuscrito con distintas longitudes de onda como infrarrojo y ultravioleta para detectar restos de tinta invisibles al ojo humano.

Por otro lado, recurrieron a la datación por radiocarbono para determinar la antigüedad del pergamino, lo que permitió confirmar que el manuscrito original data aproximadamente del siglo VI. Gracias a la combinación de ambas técnicas, fue posible recuperar un texto que había permanecido oculto durante siglos.

La importancia histórica de este suceso

Este hallazgo es relevante por varias razones. En primer lugar, implica la recuperación de patrimonio perdido, ya que permite reconstruir parte de un documento antiguo que durante siglos se consideró irrecuperable.

Además, aporta información valiosa para la historia del cristianismo, al ofrecer evidencia concreta sobre cómo circulaban y se copiaban los textos del Nuevo Testamento en sus primeras etapas.

También tiene un fuerte impacto en la crítica textual, porque facilita la comparación entre distintas versiones y ayuda a identificar posibles cambios, correcciones o errores introducidos a lo largo del tiempo. Por último, pone en evidencia el avance de las tecnologías actuales, capaces de revelar información oculta en documentos históricos que fueron dañados o reutilizados.