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Los Emiratos Árabes Unidos (EAU), reconocidos por sus inmensas reservas de petróleo, están cambiando su estrategia hacia otro recurso de una importancia aún mayor. Conscientes de que en el desierto el agua vale más que el combustible, el país ha puesto en marcha un sofisticado sistema de almacenamiento subterráneo que redefine la ingeniería moderna.
Los Emiratos están utilizando una tecnología denominada Almacenamiento y Recuperación de Acuíferos (ASR), inyectando agua desalinizada directamente en formaciones geológicas profundas para crear reservas estratégicas que podrían abastecer a ciudades enteras durante semanas en caso de emergencia.
El agua sería más importante que el petróleo
El caso de Emiratos es particularmente complejo: es un país donde 90% del agua potable proviene de plantas desalinizadoras. Un fallo eléctrico masivo, un ciberataque o un conflicto regional podrían dejar a la población sin suministro de forma inmediata. Por ello, el gobierno ha pasado de un modelo de producción continua a uno de “producir, almacenar y proteger”.
Esta transición convierte al agua en un activo estratégico, gestionado con los mismos protocolos de seguridad que las infraestructuras energéticas críticas.
La escala es masiva: se estima que los sistemas modulares ya albergan decenas de miles de millones de litros de agua potable, protegidos bajo capas de roca impermeable que actúan como bóvedas naturales de alta seguridad.
La batalla por la supervivencia frente a las sequías
En un entorno donde las temperaturas superan frecuentemente los 45 °C, los embalses superficiales son inviables. La evaporación destruiría las reservas en poco tiempo, sin mencionar los riesgos de salinización, tormentas de arena o sabotajes. El subsuelo ofrece la solución perfecta:
- Estabilidad térmica: El agua mantiene una temperatura constante, lejos del calor abrasador del exterior.
- Protección total: Las reservas están a salvo de la luz solar, lo que evita la proliferación de algas y bacterias.
- Seguridad física: Al estar a gran profundidad, el recurso queda blindado ante accidentes industriales o ataques externos.
Este despliegue tecnológico no es barato. Requiere una inversión masiva en energía solar y nuclear para desalinizar y bombear el agua a grandes distancias. Sin embargo, para los líderes de los Emiratos, el costo de la escasez es infinitamente superior al de la infraestructura.
Lo que hoy ocurre bajo el desierto árabe ya está siendo analizado de cerca en regiones de Estados Unidos como Arizona, Texas y California, que enfrentan crisis hídricas sin precedentes.
Mientras el mundo sigue pendiente del precio del barril, los Emiratos Árabes Unidos parecen haber comprendido que el futuro de su soberanía no reside en lo que queman, sino en lo que beben. El subsuelo, que una vez los hizo ricos en petróleo, es ahora la clave para que su civilización no muera de sed.