

El último análisis del Índice de Precios al Consumidor (IPC) revela un panorama heterogéneo: mientras algunos rubros muestran incrementos por encima del promedio, otros registran caídas sostenidas impulsadas por la baja del dólar y la estructura de importaciones.
Alimentación fue el sector más golpeado en el último año, con un alza del 4,66%, más de un punto porcentual por encima del promedio del IPC. En contraste, la vestimenta experimentó una retracción del 3,34% interanual; buena parte de esas mercancías son importadas y, por ello, se benefician de la caída del tipo de cambio, que en enero anotó una baja interanual del 12%.
El transporte siguió una tendencia similar a la de la ropa: en 2025 el rubro cayó un 3,48%. Los precios de vehículos —autos, motos— y repuestos, fijados en su mayoría en dólares, se vieron aliviados por la depreciación cambiaria a la baja. Además, los combustibles mostraron leves retrocesos: la nafta cayó 1% y el gasoil 2% en términos interanuales.
Los costos vinculados a la vivienda —energía, agua y servicios básicos— subieron 5,4% en el último año, aunque los artículos para el hogar apenas aumentaron 0,9%. En este último caso, la presencia significativa de productos importados, tasados en dólares, ayudó a moderar los precios locales.
Por otra parte, los servicios con fuerte componente doméstico se mostraron subas por encima del promedio: salud creció 6,3% y educación 7,1% en términos interanuales, presionando la inflación en áreas sensibles para los hogares.
En el plano macro, la inflación subyacente —que excluye combustibles y frutas y hortalizas— se moderó, pasando de 3,66% a 3,23% anual, una señal de enfriamiento en la dinámica de precios subyacentes aunque con comportamientos desiguales entre sectores.








