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Juan Marcelo Gavaldá (*)

Corría el año 1857 y nuestro país estaba dividido en dos. Por un lado, la Confederación Argentina y por el otro, el Estado de Buenos Aires.

Ese mismo año, las lluvias sobre la campaña bonaerense fueron excepcionales. El sur bonaerense se anegó en grandes extensiones y pueblos como Chascomús y Dolores quedaron totalmente aislados e incomunicados con la Ciudad de Buenos Aires dado que ninguna carreta se animaba a transitar por los anegados caminos.

Ante tal situación, la firma naviera Aspiazú, Hoevel y Cia, solicitó un permiso para explotar la navegación a vapor del Río Salado del Sur, con el plan de conectar a las zonas aisladas de la campaña con la ciudad-puerto de Buenos Aires. Se buscó dar salida a cueros, lanas y a todos los productos cuya distribución estaba paralizada como consecuencia de la inundación.

Entre los trabajos a efectuar, la firma naviera se comprometía a balizar el Río Salado para demarcar el canal, las islas submarinas y los escollos que se encontraran en su curso y a canalizar para hacer navegables los pasos desde la embocadura del río al Callejón, conocidos por Paso de las Toscas, Paso de las Gamas, Paso de la Loma Verde, Paso del Bote, Paso de Quilmes, y Paso de las Piedras, cuyos puertos, quedaban completamente secos en ciertas estaciones del año.

Gran inundación

En esos mismos días, se comentaba que la inundación era tan grande que los vapores no podrían vencer a las corrientes del Salado y que, a más de ello, la creciente había hecho desaparecer las márgenes del río, de modo que quien lo intentara navegar no encontraría señales que lo guiase en el cauce oculto bajo las aguas, circunstancia que, incrementarían los costos para la empresa.

Desembocadura del Arroyo Girado por donde el Vapor del Río Salado del Sud logró arribar a la Laguna de Chascomús en 1857.

Mientras se decidía si se otorgaba la autorización, la travesía del vapor “Río Salado del Sud” ya había arrancado.

Tras navegar por el Río de la Plata hacia Samborombón e ingresar en el Río Salado del Sur, después de vencer muchos inconvenientes, el 8 de agosto de 1857 el vapor alcanzaba el Paso de la Postrera, punto del río más cercano al pueblo de Dolores.

El Vapor del Río Salado del Sud en Chascomús (Gentileza del Museo Pampeano)

El 11 de agosto de 1857, tras dejar atrás una sucesión de arroyos desbordados y lagunas rebalsadas, el buque a vapor abandonó las aguas del arroyo Girado para salir a la Laguna de Chascomús y, tras cruzarla por completo, a las cuatro de la tarde hizo su arribo triunfal al pueblo de Chascomús, siendo recibido con júbilo por los habitantes.

La embarcación a vapor se fondeó frente al paredón del cementerio, hoy trasladado a otro sitio.

Al día siguiente se levantó un acta municipal asentando el primer viaje a vapor que ha explorado la vía hasta la laguna, lo que significaba una revelación de la importancia futura del pueblo. Asimismo, se autorizó a la Comisión Municipal a costear las bebidas para servir en el baile que debía realizarse en honor a los navegantes.

Una vez regresado a Buenos Aires, en octubre de 1857, la Empresa Salado del Sud-Navegación a vapor publicó un anuncio en el periódico “La Tribuna” ofreciendo sus servicios de flete hasta el Callejón o Postrera. En el anuncio la empresa advertía a sus potenciales clientes que, si bien no podía asegurar tiempo fijo, conduciría las cargas en la mitad del tiempo que se empleaba por otras vías.

Hacia el final del año 1857, las aguas fueron bajando paulatinamente de modo que los ríos, arroyos y lagunas fueron recobrando su fisonomía normal y habitual. En tales condiciones las esperanzas de una nueva expedición se esfumaron y al año siguiente la travesía ya no pudo reeditarse.

(*) El autor agradece al Archivo Histórico de Chascomús y al Museo Pampeano de Chascomús por la información suministrada y a Julieta Sordoni por las fotografías.