El pasado viernes el ex presidente brasilero Luis Ignácio Lula da Silva convocó a más de 30 referentes políticos y sociales, empresarios y líderes sindicales para analizar desafíos de la integración bilateral y la inserción del Cono Sur en el mundo. El embajador saliente de Brasil, Enio Cordeiro, y varios asistentes destacaron la diversidad de pensamientos y posiciones políticas que integraban la mesa.
Entre diferentes temas de enorme interés y elocuencia que Lula puso en discusión, hubo uno que llamó particularmente la atención. Lula se refirió a la frustración que, en varias ocasiones, embargaba a él y a otros líderes regionales como Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Michelle Bachellet cuando tomaban decisiones políticas de alta relevancia para el proceso de integración, que luego comenzaban a desintegrarse en las complejidades burocráticas de cada país y la atención a intereses particulares afectados.
La confesión de Lula fue especialmente reveladora frente a varias intervenciones que destacaban la afinidad político ideológica de varios presidente del Cono Sur en la última década como factor supremo y determinante de la integración. Hubo acuerdo en que, más allá de la voluntad de los presidentes, es necesario fortalecer las instituciones políticas de la integración, de las cuales la UNASUR es desde 2008 el principal exponente.
Se pueden agregar dos elementos a la ecuación de representatividad y efectividad de la voluntad presidencial. El mandatario brasilero se refirió a la capacidad de los presidentes de gestionar el disenso político interno sobre su propia voluntad. Lula mencionó el parlamento como una instancia de alta demanda y densidad de diálogo para impulsar una agenda presidencial. En esta tarea habló de la capacidad de los presidentes de pensar y enunciar sus políticas con un horizonte temporal mayor al propio mandato.
En segundo lugar, también acredita la voluntad del presidente la propia capacidad del Estado en cada país para transformar las orientaciones presidenciales en buenas políticas públicas. Por más que un presidente tenga clara cuando ello ocurre la orientación político estratégica que quiere darle a un tema, su probabilidad de éxito está determinada por la calidad de las instituciones estatales que deben implementarla.
En el último punto anida una supuesta contradicción que no es tal. Las mejores políticas públicas surgen donde la voluntad presidencial se asienta en un Estado profesional que trasciende al presidente de turno. Por el contrario, cuando el ejercicio de la voluntad presidencial supone el debilitamiento del aparato burocrático profesional del Estado, se reduce al mismo tiempo la capacidad de gobierno. Este es un típico escenario paradójico de un presidente fuerte de un gobierno débil.
La posibilidad de reversión de las políticas está en la base del presidencialismo decisionista sin capacidad de gobierno, y ha sido el catalizador de un péndulo permanente en las orientaciones estratégicas de políticas públicas centrales para la agenda de desarrollo en la Argentina de los últimos 30 años.
Lula habló de una doctrina de la integración que funcione como ancla conceptual de las voluntades presidenciales en la región. Instituciones regionales consolidadas y Estados profesionales que puedan liderar la implementación de políticas plurinacionales serán igualmente determinantes del éxito en la integración. Es que las voluntades presidenciales, en el contexto de los procesos democráticos de cada país, pueden cambiar. Las instituciones y las políticas estratégicamente consolidadas, por el contario, quedan.