El Gobierno impulsó en los últimos años un modelo de capitalismo con alta injerencia estatal que, para algunos intelectuales, rememora el proceso económico mexicano del PRI, o el de los tigres asiáticos en las décadas del 80 y 90.

El capitalismo dirigido del Gobierno modificó estructuralmente las relaciones entre economía privada y poder estatal que primaron en los 90. La participación del Estado en la economía es más relevante, diversos mercados sobrellevan una amplia injerencia estatal y algunos dispositivos institucionales involucran al Estado en espacios de decisión antes reservados a los privados.

Vale preguntarse qué decisiones impulsaría la oposición en caso de llegar al gobierno sobre diversos temas que suponen elecciones específicas y analizar los grados de libertad de cambio estructural que podría tener un gobierno de la oposición convencido de querer cambiar el rumbo. Estas cuestiones suponen la aplicación de las dos dimensiones del teorema de Raúl Baglini, según el cual las convicciones de un político argentino son inversamente proporcionales a su cercanía al poder y, cuanto más cerca del poder más conservador se vuelve un grupo político.

El modelo de capitalismo dirigido del Gobierno tiene componentes paradigmáticos que sirven para interpelar los planes de la oposición. En primer lugar, la nacionalización de empresas. ¿Qué rumbo tomaría Aerolíneas Argentinas en un gobierno opositor? ¿Qué esfuerzo político supone aprobar su privatización con un mejor estándar de resguardo de la regulación estratégica del Estado?

En relación con los subsidios al transporte, energía, agua y producción agroindustrial -cuyo carácter distorsivo e inequitativo es casi indiscutido-, vale preguntarse cuán gradual debería ser su desmantelamiento para no impactar sobre la inflación y la base de sustentación política.

Por otro lado, el modelo de seguridad social es un tema complejo y de alta sensibilidad pública. Es lícito preguntarse si la crítica de la oposición a este capitalismo dirigido incluye la nacionalización de las AFJP, y cuáles serían sus planes y márgenes de acción política.

Existen, en cambio, frentes menos problemáticos. Un gobierno opositor podría renunciar al control de mercados internos y externos y ahondar la confianza en las libres fuerzas del mercado si efectivamente fuera el credo predominante.

Además, podría haber mayor confluencia de deseos sobre el rol y el funcionamiento del Banco Central donde el Gobierno impulsó un modelo de BC instrumental, bajo la dirección política absoluta del Ejecutivo, abdicando incluso a uno de sus mandatos fundantes, reducir la inflación. En este ámbito, un gobierno opositor podría restituir algo de independencia.

También es menos compleja la reciente incorporación de directores del Estado en empresas con participación accionaria estatal, sostenida con un decreto de dudosa necesidad y urgencia posible de anular.

Todos estos temas permiten establecer dos reflexiones sobre el proceso electoral y las expectativas para el próximo gobierno: La capacidad de la oposición de construir un relato completo sobre lo que haría en cada caso y cómo llevarlo a cabo sin entrar en contradicción con otros objetivos asociados.

La oposición debe ser capaz de proyectar su plan de transformaciones entre 2011 y 2015, con un contexto marcado por un sindicalismo fortalecido, un kirchnerismo en estado de transformación, y el mundo a favor, como sucede desde 2003. Esta capacidad es central para construir percepción de gobernabilidad y convertirse en opción real frente a un gobierno que proyecta mucho más coherencia en su práctica, al margen de la valoración ideológica.

Una segunda reflexión se relaciona con la complejidad del marco de políticas y la dinámica de ruptura abrupta que periódicamente enfrenta la Argentina. El gran desafío es generar condiciones de estabilidad neta del marco de políticas y, al mismo tiempo, espacios de cambio donde sea necesario. Esto implica renunciar a la reinvención periódica de la Argentina basada sobre el hiperpresidencialismo y el modo de crisis permanente.

El proyecto Agenda presidencial 2011-2015 (www.agenda-presidencial.org) que impulsa Cippec analiza las posiciones de los candidatos en diferentes áreas clave de política pública. La campaña electoral es el espacio indicado para que la oposición interpele al Gobierno desde una plataforma de solidez técnica y realismo político sobre los temas en los cuales debe haber un cambio de rumbo y aquellos que pueden ser mejorados o continuados.