Rigolleau, una de las principales fabricantes de vidrio del país, empezó a importar productos desde China y replica así el movimiento que semanas atrás había iniciado Lumilagro con sus termos. La decisión llega en medio de un deterioro en sus resultados, caída de ventas y menor nivel de producción.
La empresa, con planta en Berazategui, cerró 2025 con una pérdida de $ 5596 millones, más del doble que el rojo del año anterior. En los últimos dos ejercicios acumula pérdidas por encima de los $ 7000 millones.
Durante años, la compañía fue uno de los principales proveedores de envases de vidrio para la industria de bebidas. Entre sus clientes aparecen jugadores como Cervecería y Maltería Quilmes y la chilena CCU. “Hoy nuestro sector casi no tiene vínculo con el vidrio. La mayoría migró a la lata. Cerca del 80% de la industria ya produce en ese formato”, explicó una fuente cercana a proveedores. También abastece a grupos vitivinícolas como Bodegas Peñaflor, Catena Zapata y Trivento.
El año pasado, las ventas totalizaron $ 112.088 millones, por debajo de los $ 139.189 millones del año previo. Según el último balance de la compañía, el desempeño estuvo atravesado por la dinámica del consumo. “Durante el año, la actividad se dio en un contexto macro complejo, donde el consumo -sobre todo en bebidas y alimentos- no logró recuperarse de las caídas previas”, señalaron desde la empresa en ese informe.
El menor nivel de demanda también se reflejó en la producción. Los despachos alcanzaron 117.452 toneladas, un 11% menos que el año anterior, mientras que la producción total fue de 114.305 toneladas. Con ese volumen, la planta funciona cerca del 60% de su capacidad.
En 2012, la compañía encaró un plan de expansión para ampliar su capacidad productiva, con una inversión de u$s 38 millones destinada a la incorporación de un nuevo horno. El proyecto apuntaba a aumentar la producción en torno al 30% y abastecer la demanda del mercado interno, especialmente en los segmentos de bebidas y alimentos.
Las exportaciones también cayeron. Mostraron una baja de 37,8% interanual y, según la empresa, “son las que más sufrieron el deterioro competitivo”, una tendencia que ya se venía registrando en ejercicios anteriores.
En paralelo, el ingreso de productos importados empezó a impactar en el negocio local. “La importación de bienes a precios muy diferenciales erosionó la competitividad de nuestros productos”, reconocieron en el mismo balance. En ese marco, la empresa comenzó a ajustar su esquema de abastecimiento y a incorporar productos importados para sostener su oferta en el mercado.
Más empresas comienzan a importar sus productos
El caso más reciente es Lumilagro, la histórica fabricante de termos, que en los últimos meses cambió su modelo y empezó a producir en China en medio de una fuerte caída en las ventas.
Fundada en 1941, la empresa supo ser la única fábrica de termos de vidrio de América latina y durante décadas dominó ese segmento en el mercado local. Su producto estrella era el termo de vidrio, que llegó a representar la mayor parte del negocio. Ese esquema empezó a cambiar con el avance de los termos de acero y la mayor presencia de productos importados.
Hace cuatro años, en plena pandemia, Martín Nadler se hizo cargo de la compañía familiar. En ese momento empezó a trabajar en el desarrollo de un nuevo termo de acero, pensado para un consumidor que ya se había corrido del vidrio.
El problema era el costo. Fabricar ese producto en la Argentina ya no era viable. Tampoco podía importarlo en ese momento por las restricciones vigentes. Con la apertura de importaciones, ese plan se activó y la empresa empezó a producir en China.
“Lo teníamos que hacer para sobrevivir y fue muy doloroso”, explicó Nadler en una entrevista con El Cronista. El cambio implicó una fuerte reducción en la estructura: la empresa pasó de unos 300 empleados directos e indirectos a cerca de 100.
El ajuste se dio en paralelo a una caída fuerte en el volumen. En los últimos años, las ventas bajaron cerca de 50%, en un mercado en el que se consumen unos 4 millones de termos por año.
Esos cambios impactaron en la planta. En Tortuguitas, la empresa dejó de fabricar ampollas de vidrio, que ahora se importan desde India y Vietnam. Al mismo tiempo, parte de la producción de termos de acero se trasladó a China.
Según detalló Nadler, producir en el exterior permite reducir costos y competir en precio en un mercado donde los valores empezaron a alinearse con los productos importados. “Hacer una matriz en la Argentina es cuatro veces más caro que en China”, explicó.
Los termos de acero, que años atrás valían mucho más que los de vidrio, se abarataron y hoy compiten directamente en precio. A eso se suma el ingreso de productos importados, incluso de menor calidad, que presionan sobre todo el segmento.
Hoy la operación se reparte entre producción local y fabricación en el exterior, mientras evalúa nuevos canales de venta, como la apertura de locales propios, y apuesta a crecer en exportaciones.
Otro caso es Kenvue, que trasladó parte de su producción desde su planta en Pilar hacia otros países de la región, como Brasil y Colombia. La empresa mantiene en la Argentina funciones logísticas y de control de calidad, pero comenzó a abastecer el mercado con líneas que antes se fabricaban localmente.
Peabody -operada por Goldmund- ya venía trabajando con un modelo mixto, con producción local y productos importados. La compañía avanzó en un proceso de reestructuración de pasivos, en medio de una mayor competencia de mercadería del exterior.
En autopartes, la sueca SKF confirmó que dejará de producir en su planta de Tortuguitas, donde empleaba a 145 personas. La compañía decidió abastecer el mercado local con productos importados desde distintas plantas en el exterior, en el marco de una reorganización de su esquema productivo.
Un movimiento similar se dio en DBT, vinculada a la española Himoinsa, que cerró su planta en Santa Fe y dejó de fabricar generadores y alternadores en el país. La empresa pasó a importar equipos terminados desde China.