Air Computers, una empresa dedicada a la venta de equipos de computación y tecnología de la ciudad de Rosario, se quedó con la histórica bodega mendocina Tittarelli. Pero su objetivo no es incursionar en un nuevo negocio vitivinícola, sino encontrar una forma de evitar las trabas a las importaciones. Buscará exportar mosto, aceite de oliva y vinos para obtener la autorización requerida por la Secretaría de Comercio Interior para poder importar insumos para la fabricación de productos informáticos.
Esta estrategia comercial fue lo que permitió la recuperación de una de las más grandes y famosas bodegas mendocinas, ubicada en la ciudad de Rivadavia. Según señaló el Diario Uno, de Mendoza, la empresa vitivinícola demandará una inversión inmediata de $ 20 millones y otros $ 80 millones en el futuro cercano para poder transformar en productivas unas 1100 hectáreas. La compra ya generó casi 30 puestos de trabajo y se esperan más en el corto plazo.
Esto requiere una fuerte inversión, dijo Carlos Airoldi, uno de los directivos de la bodega, quien estuvo acompañado por los integrantes de la compañía rosarina, Daniel Gómez y Miguel Luffi. El Cronista intentó comunicarse ayer con estos ejecutivos pero no obtuvo respuesta. La prioridad de los flamantes dueños de Tittarelli es poner en funcionamiento la planta procesadora y concentradora de mosto y recuperar la planta en donde se supo elaborar uno de los mejores aceites de oliva del país. Además de inversión, se necesitan muchas horas de gerenciamiento, que es lo que ha faltado. Hoy ya hay trabajando unas 30 personas y necesitaremos otras 50 en lo inmediato para hacer funcionar el resto, detalló Airoldi.
Queremos exportar mosto en lo inmediato y luego vino, vinos espumantes, aceite y champán, dijo Luffi, quien será la cara visible de la compañía en Mendoza.
Por su parte, Ricardo Manzu, recordó el pasado de esplendor que supo tener la bodega. Trabajé acá en el 80, como un joven licenciado en enología que ingresó a una pujante bodega Tittarelli. Había tanto vino, que se terminaron las vasijas y tuvimos que llenar la pileta de natación con mosto y también el sótano, contó al Diario Uno. Hubo trabajo para 200 personas que vivían en la zona, mandaban sus hijos a la escuela Enrique Tittarelli y progresaban junto con la firma en ese lugar paradisíaco de La Forestal, del distrito rivadaviense de La Libertad, agregó. Pero los tiempos cambiaron: en la década del 90, la familia Tittarelli comenzó a desprenderse de las 1100 hectáreas de la centenaria firma, la bodega y la aceitera, que quedó produciendo para terceros.
Desde entonces, la empresa pasó por varias crisis y dueños: primero la compró Sabores Argentinos, del empresario Santiago Soldati y sus socios, y en 2004 la compañía Agroamerican Group, liderado por el empresario inmobiliario sanjuanino Jaime Garbarsky y capitales chilenos. En 2011 la había comprado la empresa uruguaya Finca Buena Vista, dedicada a la elaboración de aceite de oliva virgen.