Las energéticas atravesaron la mitad del año con vaivenes y eventos imprevistos. Durante el verano, la cotización de los productos energéticos cayó con respecto a 2025, pero desde marzo a mayo hubo un fuerte repunte como consecuencia del conflicto en Medio Oriente.
Compañía Mega produce líquidos de gas natural (etano, propano, butano y gasolina natural). En junio, inauguró una ampliación de su planta mediante un nuevo tren de fraccionamiento.
“Hasta ahora producíamos unas 4800 toneladas diarias de líquidos de gas natural. Con esta ampliación podremos llegar a 7200 toneladas diarias. Actualmente ya alcanzamos unas 5600 toneladas y seguimos ejecutando obras para completar la capacidad”, explica Tomas Córdoba, CEO de la compañía. YPF posee el 38% de la empresa, mientras que la brasileña Petrobras posee un 34% y la estadounidense Dow, un 28%.
En el primer trimestre, Mega facturó $ 218.477 millones, con una utilidad neta de $ 86.446 millones. “Tenemos en marcha un plan de inversiones por aproximadamente u$s 650 millones. Ya ejecutamos cerca de la mitad y la siguiente etapa, presentada al RIGI, contempla unos u$s 360 millones destinados principalmente a ampliar la capacidad de transporte hacia Bahía Blanca”, explica Córdoba en esta entrevista.
-¿Cómo administran esa volatilidad de los precios internacional?
En algunos negocios somos tomadores de precio. Por eso ponemos mucho foco en tener una estructura de costos muy eficiente. Trabajamos para que la compañía pueda operar normalmente incluso cuando los precios son bajos. Si los precios suben, capturamos ese ‘upside’ beneficio adicional, pero no dependemos de ello para sostener el negocio.
También mantenemos un bajo nivel de endeudamiento, lo que nos permite atravesar ciclos de precios bajos sin sobresaltos.
-¿Quiénes son sus clientes?
El etano tiene un único comprador local: Dow, a través de su planta PBB Polisur en Bahía Blanca. En cambio, el GLP (propano y butano) y la gasolina natural tienen una fuerte demanda internacional. Abastecemos principalmente mercados regionales, aunque también existe demanda global.
Después de los conflictos internacionales —primero Rusia-Ucrania y más recientemente las tensiones en Medio Oriente— Argentina ganó atractivo como proveedor confiable de energía por su ubicación geográfica.
La gasolina natural se exporta prácticamente en su totalidad porque no tiene utilización en el mercado argentino.
-¿La situación geopolítica fortaleció la oportunidad exportadora de Mega?
Exactamente. El mercado internacional de GLP ya existía antes de los conflictos. Brasil, por ejemplo, tiene una enorme demanda debido a que gran parte de su población utiliza gas envasado para cocinar y calefaccionarse. También hay una demanda muy importante en Asia y otros mercados con grandes poblaciones.
Lo que ocurrió con los conflictos fue reforzar el atractivo de Argentina como proveedor estable y confiable, justamente por estar alejada de las zonas de conflicto.
-¿Pero el proceso de ampliación arrancó antes de esta situación?
Si. La obra comenzó en 2023 y demandó casi tres años de ejecución. Sin embargo, forma parte de una estrategia mucho más amplia.
Antes de esta ampliación construimos el Gasoducto Tratayén para recibir corrientes provenientes de Vaca Muerta, que tienen una mayor riqueza en líquidos del gas natural.
La estrategia fue avanzando por etapas: primero captar ese mayor volumen de producción, luego ampliar la capacidad de fraccionamiento en Bahía Blanca y ahora aumentar la capacidad de transporte mediante nuevas estaciones de bombeo para aprovechar plenamente la nueva infraestructura.
-¿Ustedes avanzan al mismo nivel que crece Vaca Muerta?
Mega nació para procesar la producción del yacimiento convencional Loma La Lata. Cuando Vaca Muerta comenzó a desarrollarse, entendimos que debíamos prepararnos para esa nueva etapa.
La producción de Vaca Muerta tiene un contenido mucho mayor de líquidos del gas natural que la producción convencional. Por eso alineamos todas nuestras decisiones de inversión a esa nueva realidad.
Primero construimos el gasoducto para captar esa producción. Luego detectamos que la planta de Bahía Blanca se transformaría en un cuello de botella y decidimos ampliarla. Ahora estamos resolviendo el siguiente cuello de botella, que es el transporte. Siempre seguimos una lógica de eficiencia del capital invertido, aprovechando la infraestructura integrada que Mega ya tenía.
-¿Cómo financiaron estas ampliaciones?
Utilizamos una combinación de recursos propios y deuda. El año pasado hicimos nuestra primera emisión de obligaciones negociables por u$s 60 millones y este año la complementamos con financiamiento bancario.
La emisión fue más estratégica que necesaria. Queríamos comenzar a construir una relación de largo plazo con los inversores institucionales para que conocieran la compañía y estuvieran preparados para futuras necesidades de financiamiento.
Nuestra estrategia consiste en construir relaciones de largo plazo con clientes, proveedores, accionistas e inversores.
-Presentaron un proyecto al RIGI. ¿Qué nivel de exportaciones generará?
El proyecto está orientado principalmente a la exportación. La ampliación permitirá producir unas 1.500 toneladas diarias adicionales, de las cuales aproximadamente un 80% se destinará a exportación de GLP y gasolina natural.
El mercado local ya está abastecido, por eso el crecimiento naturalmente se orienta al exterior. Si tomamos como referencia los precios promedio de 2025, la producción adicional podría representar ventas anuales por aproximadamente entre u$s 200 y u$s 220 millones.
En 2025, con una producción de 4.800 toneladas diarias, la compañía facturó alrededor de u$s 650 millones.
-¿Por qué utilizan como referencia 2025 y no 2026?
Porque 2026 tuvo una gran volatilidad de precios. Comenzó con una baja, luego hubo aumentos por la expectativa del conflicto en Medio Oriente, los precios subieron con fuerza durante el conflicto y posteriormente volvieron a niveles similares a los anteriores.
Probablemente el promedio anual termine siendo parecido o ligeramente superior al de 2025.
-¿Cómo ve el desarrollo energético local?
Con muchísimo entusiasmo. Me siento un privilegiado de vivir un momento histórico para Argentina y además trabajar justamente en el sector que está impulsando esa transformación.
Se alcanzaron récords de producción de petróleo, el gas sigue creciendo y ya están prácticamente terminadas las obras que permitirán aumentar aún más las exportaciones.
El VMOS, las ampliaciones de oleoductos, los gasoductos y los proyectos de LNG permitirán monetizar recursos que Argentina jamás podría consumir internamente. Estamos viviendo una transformación histórica para el país.
-¿Cómo explicaría el beneficio que esto tiene para la balanza comercial?
Significa generar divisas que Argentina no tuvo durante muchos años. Es como si una empresa incrementara de manera muy significativa sus ingresos: eso fortalece su posición económica.
Lo mismo ocurre con el país. Las mayores exportaciones fortalecen la economía argentina y posicionan al país como proveedor confiable de energía.
Las cantidades exportadas seguirán creciendo. Luego el precio determinará el impacto final sobre la balanza comercial.
-¿Más exportaciones ayudan también a reducir la vulnerabilidad cambiaria que supo tener el país?
Sin dudas, un mayor ingreso de dólares fortalece la posición del país. No me corresponde opinar sobre cuestiones macroeconómicas o regulatorias, pero sí estoy convencido de que una mayor producción con destino exportador representa una enorme oportunidad para Argentina.
El desarrollo del shale en Estados Unidos cambió completamente su posicionamiento energético mundial. Creo que ese es un buen ejemplo para entender el potencial argentino.
-Muchos proyectos requieren grandes financiamientos. ¿Cómo observa el acceso al crédito?
El capital siempre es un recurso escaso, en cualquier país. Argentina está logrando estructurar financiamientos de gran escala con distintas fuentes: bancos, mercado de capitales, inversores internacionales y organismos multilaterales. Cada vez vemos más emisiones a plazos más largos y con costos financieros más competitivos.
El gran desafío consiste en diseñar estructuras inteligentes y colaborativas para financiar estos proyectos sin que todas las empresas compitan por el mismo capital.
El VMOS es un excelente ejemplo de esa lógica
-¿Las emisiones a diez años y los Project Finance como el VMOS reflejan una mayor confianza en Argentina?
Sí. El fuerte perfil exportador de estos proyectos genera mayor confianza entre los inversores. Hoy el mercado no financia solamente a una empresa sino a todo el ecosistema energético argentino.
Eso permite pensar en plazos e instrumentos que hace algunos años eran prácticamente impensables.
-Cuando proyecta el futuro de la compañía, ¿qué indicadores sigue con mayor atención?
El primero es la seguridad. Siempre repetimos una frase de Horacio Marín que compartimos totalmente: “No hay curita que justifique un barril”. Después seguimos muy de cerca el EBITDA, porque refleja cómo impactan los precios sobre nuestra rentabilidad.
También observamos la utilización y disponibilidad de la infraestructura. Nuestra operación funciona las 24 horas y buscamos mantener el máximo nivel posible de utilización.
Por último, todas nuestras decisiones deben tener sentido en el largo plazo. No hacemos nada que mejore el corto plazo si destruye valor para los próximos 25 años.
-¿Qué aspectos de la política económica siguen con mayor atención?
No ponemos el foco en el ruido de corto plazo. Nuestra estrategia consiste en estar preparados para distintos escenarios.
Si hay dificultades internacionales, debemos estar preparados para atravesarlas. Si aparecen oportunidades, como ocurrió con la suba de precios por el conflicto en Medio Oriente, debemos poder aprovecharlas.
Todas nuestras decisiones buscan asegurar la sostenibilidad de Mega en el largo plazo y seguir brindando confiabilidad a la producción de gas y petróleo durante muchas décadas más.