En diciembre se cumplirán 100 años de la muerte del pintor francés Auguste Renoir (falleció el 3 de diciembre de 1919 en Cagnes sur Mer) y, seguramente, el próximo año tendrá varias exposiciones con sus obras. Fue un artista prolífico: realizó más de 4.000 obras durante 60 años. Siempre la moda estuvo vinculada a él, ya que su padre era sastre y su madre modista. Sus primeros trabajos fueron decorando platos porque nació en la célebre ciudad francesa de fábrica de porcelana, Limoges, en 1841.
En París estudió pintura y sufrió mucho por falta de dinero, tanto que no podía comprar pinturas. Visitaba todos los días el museo del Louvre para aprender de los grandes maestros que admiraba, como Delacroix y Tiziano. Fue uno de los fundadores del impresionismo y junto con Claude Monet pintaban en las afueras de París.
Sus pinturas de la década del setenta son mis preferidas, una de ellas se venderá en Christies el próximo 27 de febrero y, en mi opinión, superará los u$s 10 millones.
Al principio sus obras eran admitidas en el salón, por su carácter figurativo, pero cuando arribó al impresionismo fueron rechazadas. En la primera expo del grupo en abril de 1874, se expusieron seis de sus pinturas y luego de tres exposiciones se alejo del grupo.
La figura es el tema principal de sus obras y a partir de la realización de retratos de la alta sociedad pudo vivir de su trabajo. Una anécdota cuenta que realizó el retrato de Richard Wagner en solamente 35 minutos. También fue de los primeros en recorrer Argelia, siguiendo los pasos de Eugène Delacroix y fue fuente de inspiración de Henri Matisse y sus Odaliscas.
Se casó, en 1890, con Aline Charigot con quien tuvo tres hijos. Era veinte años menor que él y fue su modelo preferida. También lo fue Gabrielle, la niñera de su hijo menor. En la última década de su vida sufre de artritis reumatoide, y de ahí que muchas veces debieron atarle los pinceles a sus manos para que pudiera trabajar. Antes, debido a una fractura en su mano derecha había tenido que aprender a pintar con la izquierda.
En busca de buen tiempo pasaba los inviernos en Cagnes, en la Costa Azul, y los veranos en la región de Champagne. Pocos meses antes de morir visitó su querido Museo del Louvre y, con orgullo, vio que una de sus pinturas estaba junto a los grandes maestros que tanto admiraba.
Pintar era su placer y obtuvo un gran éxito en vida, gracias a su marchand Paul Durand-Ruel. Pero su primera pintura recién se vendió cuando tenía 33 años.
La mayor colección de sus obras está en Filadelfia, en la maravillosa colección Barnes, una de las más grandes colecciones de arte impresionista, que atesora 181 de sus piezas de este artista. Su pintura más valiosa, de la cual hay tres versiones, "Au Moulin de la Galette" fue comprada por el japonés Saito en 1990 en u$s 78 millones (unos u$s 170 de hoy), y no se sabe dónde está. Otra parte de su producción está en la Phillips Collection de Washington y en el Museo de Orsay en París. Sus óleos son lo más cotizado y 14 de ellos se han vendido en más de u$s 10 millones y otros tantos pasteles han superado el millón. Cuarenta de sus obras se ofrecen por año en subastas.
En la Argentina ha tenido grandes admiradores como Raúl Soldi y el cordobés Francisco Vidal. En nuestro Museo Nacional de Bellas Artes hay dos retratos femeninos y una still-life, todas pinturas provenientes de la colección de Mercedes Santamarina.