México acumula 35 años con tasas de crecimiento económico muy por debajo de 2%, pero el país requiere acelerar el crecimiento económico al doble para lograr unas finanzas públicas más saludables, consideró Alejandro Valenzuela, presidente del Consejo de Administración de Banco Azteca.
En entrevista con El Cronista, el líder del banco comentó que acelerar el crecimiento a esas tasas permitirá mejorar la estabilidad financiera del sector público, así como incrementar la creación de empleos.
Sin embargo, el directivo asegura que el mundo en general enfrenta un panorama muy complejo.
“El entorno mundial está muy difícil: hay una guerra entre Irán y Estados Unidos que se pensaba de acuerdo a los estadounidenses que iba a terminar rápidamente, pero se ha prolongado muchísimo más. El costo del petróleo, el costo de muchos insumos y particularmente el diésel se han incrementado de manera muy notable y de manera fortuita, los mercados todavía lo han tomado como algo que se puede gerenciar de manera temporal, pero si esto se sigue manteniendo, pues nos va a descuadrar muchas cosas”, consideró.
Valenzuela consideró que el presupuesto de 2027 considera elementos que buscan reducir el déficit público y desacelerar el crecimiento de la deuda pública.
Y aunque “el horno no está para bollos”, comenta que también es necesario buscar cómo acelerar el crecimiento económico desde el sector público y privado.
“Tenemos el gran reto, más que un presupuesto que qué bueno que estén buscando presentar finanzas públicas ordenadas, porque el horno no está para bollos, pero al final de cuentas lo que tenemos que buscar es cómo fomentamos la inversión, cómo creamos más empleo, cómo le damos más herramientas a los estudiantes para estar listos frente a los retos que van a venir con la inteligencia artificial”, comentó.
La informalidad, un reto complejo
Para el líder de Banco Azteca el problema de la informalidad no es nada nuevo. Relata que en 1986, cuando trabajó en el Banco de México, leyó el libro “El otro sendero”, una investigación de Hernando de Soto.
“Este hombre hacía un análisis sobre la economía informal en Perú. Y en México se hablaba en ese entonces de cómo podemos reducir o encauzar la economía informal a una economía más formal. Desde 1986 a la fecha poco se ha logrado formalizar la economía”, comentó Valenzuela.
El banquero señaló que México necesita “aprender a vivir” con la informalidad, pues aunque tiene consecuencias negativas, es necesario entender la raíz.
“La informalidad muchas veces se generó porque el empresario o el productor veía que el gobierno nomás le quitaba y no le regresaba realmente nada, entonces no veía el quid pro quo. ‘Entonces, ya no yo no voy a operar por ahí, voy a operar por acá’. Y eso pues se empezó a enviciar y se empezó a crecer”, dijo.
En este sentido, mencionó que la economía informal no es necesariamente mala, pues le permite a mucha gente emprender, pero el contraste ocurre cuando el gobierno no tiene la capacidad de recaudar lo que necesita para invertir en educación, infraestructura o seguridad.
“Entonces, están buscando cómo hacerlo, pero primero hay que convencer al individuo por qué debe pagar impuestos”, dijo.
Pedir un crédito sin entenderlo es suicida
Una de las principales iniciativas de este sexenio desde el sector público y privado es impulsar la inclusión financiera, y en este sentido el país requiere que los ciudadanos tengan el conocimiento suficiente para acceder a los instrumentos financieros de manera segura.
“Hablar de inclusión financiera sin darle las herramientas a un individuo para poder entender en dónde va a navegar, es mandarlo a ciegas, es mandarlo a un lugar donde no va a entender qué está haciendo. Pedir un crédito sin entender lo que es un crédito es suicida”, advirtió Valenzuela.
El directivo recordó que Banco Azteca ha bancarizado a 36 millones de mexicanos en casi 25 años de funcionamiento.
“No se trata de impedir que la gente adquiera tarjetas o se apalanque, sino de que entiendan a qué se están comprometiendo. Si una persona gana MXN $100,000 pesos al año y toma un crédito por un millón con una tasa del 10%, tan solo los intereses absorberán la totalidad de sus ingresos anuales; pagarlo será imposible a menos que venda un activo”, ejemplifica.
La educación financiera, añade Valenzuela, ayuda a reflexionar cuándo conviene apalancarse, hasta qué límite hacerlo y si un proyecto o emprendimiento generará el retorno suficiente para saldar la deuda.