Aguascalientes.- El financiamiento climático en México se frenó por la falta de escasez de proyectos rentables más que por la falta de capital, coincidieron participantes del Carbono Forum 2026.
Reunidos en el estado de Aguascalientes, Guillermo Zamarripa, presidente de la Amafore, detalló que las administradoras de fondos para el retiro cuentan con recursos suficientes para participar en proyectos de infraestructura y sostenibilidad, pero su regulación les impide invertir a fondo perdido, por lo que requieren activos que ofrezcan una rentabilidad adecuada para los trabajadores.
“Lo principal es la falta del proyecto”, dijo Zamarripa durante el panel “El financiamiento climático en acción: sector bursátil y estructuración de instrumentos alternativos”.
De acuerdo con el presidente de las Afores, este año recibirán cerca de MXN$ 700,000 millones en aportaciones netas que deberán ser invertidas, por lo que la disponibilidad de recursos no representa el principal obstáculo.
Sin embargo, el reto está en encontrar proyectos con ingresos identificables, estructuras financieras sólidas, buen gobierno corporativo, distribución adecuada de riesgos y retornos atractivos.
A ello se agrega la dificultad en la etapa previa a la inversión. Hernán Sabau, director general de SAI Derecho y Economía, explicó que México cuenta con numerosos proyectos ambientales, pero muchos todavía no cumplen con las condiciones necesarias para ser considerados “bancables”.
El proceso aun requiere preparar proyectos desde etapas tempranas y posteriormente reducir, transferir o absorber parte de los riesgos para colocarlos en una relación adecuada entre riesgo y rendimiento. Sin ese proceso de de-risking, incluso proyectos con capacidad para generar flujos pueden quedar fuera del radar de inversionistas institucionales.
Infraestructura: la puerta de entrada
Para las Afores, la infraestructura aparece como uno de los principales vehículos para canalizar capital hacia la transición energética y ambiental.
Zamarripa explicó que estos activos resultan atractivos porque tienen horizontes de largo plazo, flujos relativamente predecibles y capacidad para diversificar las carteras de las administradoras. Sin embargo, enfatizó que las Afores no desarrollan los proyectos por lo que es necesaria la participación de gestores y administradores especializados que se encarguen de la planeación y ejecución.
“Estamos como en segunda fila porque somos financiadores, no somos desarrolladores”, expresó Zamarripa.
El directivo retomó la conversación sobre uno de los principales retos, la falta de infraestructura, que además representa una oportunidad. Sabau destacó los cuellos de botella que enfrenta México en carreteras, agua y electricidad, y sostuvo que resolverlos es indispensable para atraer nuevas inversiones productivas.
El desafío, dijo, es reconstruir esos proyectos y convertirlos en oportunidades que puedan resultar atractivas para el capital privado.
Créditos de carbono buscan convertirse en una clase de activo
Mientras las Afores demandan proyectos invertibles, la banca y el mercado bursátil buscan desarrollar la infraestructura necesaria para que los créditos de carbono evolucionen hacia una clase de activo institucional.
De acuerdo con Javier Bernal, head trader de Monex, México necesita avanzar en regulación, certidumbre jurídica y mecanismos que den escala al mercado. Entre los pendientes mencionó el sistema de comercio de emisiones y otras reglas necesarias para generar mayor visibilidad y certeza para los participantes.
Jorge Alegría, director general de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), destacó que la infraestructura utilizada actualmente para operar acciones, bonos y derivados podría aprovecharse para la compraventa y liquidación de certificados de carbono. Una de las ventajas sería facilitar el descubrimiento transparente de precios, algo que actualmente limita la profundidad del mercado.
Banca pide “cantidad por calidad”
Desde la banca, Bernal resaltó que existen cuatro condiciones para que un proyecto pueda cruzar hacia el mercado institucional. Por un lado, la rentabilidad económica y social, gobernanza y operación sólida, capacidad de replicarse y escalarse, así como el impacto ESG en las comunidades.
“La banca está muy entusiasmada de participar, pero necesitamos producto de calidad”, señaló Bernal.
El panel fue moderado por Alba Aguilar, directora general del Consejo Mexicano de Finanzas Sostenibles, quien también hizo hincapié en que el país necesita algo más que capital como estándares, reglas claras, certidumbre jurídica y proyectos capaces de convertir una necesidad ambiental en un activo financiero invertible.