Todo puede empezar con algo que parece menor: un comportamiento extraño en la red, un sistema que deja de responder o una alerta de seguridad. El problema comienza cuando esos indicios se multiplican y obligan a actuar rápido.
Detectar qué está pasando es solo el primer paso: después hay que decidir, comunicar y coordinar una respuesta. En una crisis digital, la tecnología importa, pero también la capacidad de las personas para reaccionar y trabajar juntas.
El ESET Security Report 2025, elaborado a partir de encuestas a 3,034 profesionales de organizaciones de 15 países de América Latina, reveló que el 27% de las organizaciones afirmó haber sufrido un ciberataque en el último año. Además, la mitad de las organizaciones relevadas no contaba con un plan de continuidad del negocio, una brecha que evidencia las dificultades para prepararse ante incidentes que pueden afectar las operaciones.
¿Qué hacer cuando comienza un ciberataque?
No existe una única respuesta para todos los incidentes, pero la preparación previa es clave para limitar sus consecuencias. En su análisis sobre el panorama de ciberseguridad de México, Recorded Future identifica al ransomware, el malware financiero, el fraude y el hacktivismo entre las principales amenazas que afectan al país.
Entre las medidas recomendadas para las organizaciones se encuentran fortalecer la detección y la visibilidad de las amenazas, mejorar la planificación de la respuesta ante incidentes y capacitar al personal para reaccionar de forma rápida y efectiva.
Pero hay algo que difícilmente pueda improvisarse en medio de una emergencia: la coordinación. Michael Lashlee, Chief Security Officer de Mastercard, explica que las organizaciones necesitan construir relaciones y confianza antes de que ocurra una crisis, para conocer cómo trabaja cada una y poder responder mejor en conjunto cuando llegue un incidente real.
En la práctica, estar preparados implica mucho más que contar con las herramientas adecuadas: también supone haber practicado cómo tomar decisiones con rapidez, comunicar con claridad, compartir información y coordinarse con otras organizaciones antes de que una amenaza ponga a prueba esas capacidades. Esa lógica está detrás del Multi-Sector Cyber Defense Exercise (CDX), organizado por Mastercard. En septiembre, el ejercicio llegó por primera vez a América Latina y reunió en México a especialistas de organizaciones del sector financiero, telecomunicaciones y estudiantes de una de las instituciones educativas más grandes de México.
La preparación también tiene una dimensión que va más allá de cada empresa. A medida que crecen los servicios y las interacciones digitales, la capacidad de proteger ese ecosistema y mantener la confianza se vuelve parte de la infraestructura que sostiene a la economía digital.
Un entrenamiento para una crisis que no espera
La dinámica busca acercarse a la presión de un incidente real. Los participantes reciben un entorno tecnológico que deben proteger y después enfrentan, en condiciones controladas, amenazas similares a las que encuentran las organizaciones fuera del ejercicio. No solo deben utilizar herramientas de ciberseguridad: tienen que tomar decisiones, compartir información y coordinarse con profesionales de otras organizaciones en tiempo real.
La inteligencia artificial agrega otra variable a esta carrera. Lashlee explicó que nuevos modelos de IA pueden ayudar a actores maliciosos a buscar vulnerabilidades y actuar a mayor velocidad, mientras que la defensa también avanza hacia el uso de IA para responder prácticamente en tiempo real. En ese escenario, la velocidad tecnológica vuelve todavía más importante saber de antemano cómo compartir información y quién puede ayudar cuando aparece una amenaza.
Ante amenazas que evolucionan con rapidez, la ciber resiliencia no consiste únicamente en levantar mejores barreras. También implica haber practicado quién detecta, quién decide y quién comunica; conocer de antemano con quién compartir información y cómo actuar de manera coordinada. Porque cuando las amenazas cruzan organizaciones, industrias y fronteras, la capacidad de trabajar juntos puede ser tan importante como la tecnología para proteger la confianza sobre la que funciona la economía digital.