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Los bancos mexicanos deberían ajustar sus procesos a la regulación de Estados Unidos para mantener operaciones con instituciones financieras de ese país y reducir riesgos de fraude o lavado de dinero, luego de los casos que afectaron a entidades como CiBanco, Vector e Intercam, dijo Julio Escandón, director general de Banco Base.

En entrevista con El Cronista, el directivo señaló que el episodio detonó una reflexión en la industria sobre la necesidad de cumplir estándares regulatorios estadounidenses, particularmente para los bancos que operan con corresponsales en ese país.

“Si un banco mexicano quiere operar con bancos estadounidenses para enviar dinero, ellos quieren que cumplas como si fueras un banco americano”, dijo Escandón.

El ajuste implica no solo cumplir con la regulación mexicana, sino también alinear sistemas, procesos y controles internos a los requerimientos de Estados Unidos, ya que las instituciones financieras de ese país priorizan su propia normativa por encima de estándares internacionales.

Ajustes tras el golpe al sistema financiero

Las acciones regulatorias que derivaron en la cancelación de licencias de entidades como Vector, Intercam y CiBanco tomaron por sorpresa al sector financiero mexicano, tanto a participantes del mercado como a autoridades supervisoras.

A raíz de ese episodio, el sistema bancario comenzó a revisar controles internos y procesos de supervisión, dijo Escandón.

Rumbo a la 89 Convención Bancaria, Banco Base busca impulsar que las instituciones financieras adopten estándares regulatorios más estrictos, lo que podría implicar inversiones adicionales en tecnología, sistemas de monitoreo y procesos de cumplimiento.

Si un banco mexicano quiere operar con bancos estadounidenses para enviar dinero, ellos quieren que cumplas como si fueras un banco americano.

Escandón recordó que Banco Base realizó hace más de una década una inversión cercana a u$s1 millón para alinearse a las reglas estadounidenses, lo que incluyó asesoría legal, cambios en procesos internos y el fortalecimiento de sistemas de control.

“Fue dinero destinado a contratar un despacho estadounidense que nos dijera cómo cumplir la regulación y después implementar sistemas, procesos y equipo para hacerlo”, explicó.

Según el directivo, ese tipo de inversiones facilita el acceso al sistema financiero internacional y fortalece las operaciones con bancos corresponsales.

Banco Base es una institución especializada en banca corporativa y empresarial, con enfoque en comercio exterior, manejo de divisas y servicios de tesorería.

Al cierre de 2025, los ingresos por intermediación del banco crecieron 11% anual a 5,100 millones de pesos, mientras que la utilidad antes de impuestos alcanzó 2,657 millones de pesos, de acuerdo con su información financiera.

Del nearshoring al “soft landing”

Escandón también cuestionó el uso del término nearshoring, al considerar que suele tratarse como una tendencia temporal cuando debería abordarse como una estrategia económica de largo plazo.

“La inversión extranjera no viene por un sexenio o un año, viene por 50 años”, dijo.

En ese sentido, planteó que México debería construir una estrategia permanente de atracción de capital extranjero, más allá de aprovechar coyunturas específicas.

Banco Base ya trabaja en un esquema que denomina “soft landing”, en el que colabora con gobiernos estatales, despachos legales y parques industriales para facilitar la entrada de empresas extranjeras al país.

El grupo financiero trabaja con autoridades gubernamentales y abogados que brindan asesoría legal, al tiempo que hacen aperturas de cuentas bancarias, líneas de crédito preautorizadas y buscan la oferta de espacios industriales.

“Le llamamos soft landing porque es llegar a México sin complicaciones”, dijo Escandón.

El objetivo es ofrecer mayor certidumbre a los inversionistas y facilitar su instalación en el país. Para el directivo, la inversión extranjera será un factor clave para impulsar el crecimiento económico en México en los próximos años.