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Al cierre del año pasado, las mujeres mexicanas ganaron en promedio casi 20% menos que los hombres, y aunque la brecha salarial se mantuvo sin cambios respecto al tercer trimestre de 2025, se mantiene lejos del mínimo histórico registrado en 2020.

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De acuerdo con un análisis de BBVA Research, en el cuarto trimestre del año pasado, los hombres obtuvieron un salario promedio mensual de MXN $8,341.18, mientras que ellas tuvieron una paga mensual de MXN $6,699.07.

Esto representó una brecha de 19.9% entre el sueldo que se paga a las mujeres en relación con el resultado de los hombres.

El estudio del área de análisis del banco español señala que en México la brecha salarial ha presentado evoluciones diferentes de 2005 a la fecha.

La primera de ellas es el periodo integrado entre el primer trimestre de 2005. En ese momento, la brecha salarial era de 27.6%, pero para la década posterior, se registró una tendencia a la baja, hasta llegar al tercer trimestre de 2014, cuando la brecha se redujo a 20.4%.

La segunda etapa inició en la segunda mitad de esa década, donde la brecha salarial se volvió a amplificar.

En el primer trimestre de 2020, antes del inicio del confinamiento por la pandemia de Covid-19, la brecha se ubicó en 22.3%.

“Finalmente, una tercera etapa se presenta a partir del tercer trimestre de 2020, cuando la brecha salarial tuvo su nivel histórico más bajo, al ubicarse en 15.5%”, detalla BBVA Research.

A partir de entonces la brecha salarial ha registrado momentos tanto de crecimiento como de estabilización, siendo esta última la tendencia observada en los dos últimos trimestres del 2025.

¿Cómo afecta la brecha salarial?

De acuerdo con ONU Mujeres, la brecha salarial tiene un impacto multidimensional en la calidad de vida de ellas.

Por una parte, genera un impacto financiero y en la pobreza, pues los menores ingresos limitan la independencia económica, aumentan la vulnerabilidad, así como los riesgos de pobreza, especialmente en la vejez al resultar en pensiones más bajas.

Además, las mujeres enfrentan una doble carga de trabajo, pues además de su trabajo remunerado, tienen que destinar tiempo al trabajo doméstico y cuidados sin paga, lo que disminuye su posibilidad de descansar, mejorar su formación o ascender en la escalera laboral.

Finalmente, las condiciones del empleo son afectadas, debido a la falta de tiempo libre, pues una mayor proporción de mujeres trabaja a tiempo parcial o en la informalidad.

Esto limita también el poder adquisitivo y las prestaciones sociales.

Todos estos factores, señala el organismo internacional, desembocan en un ciclo de violencia económica y cultural, donde el trabajo femenino se valora menos, incluso a igual formación y experiencia.