

Un hallazgo reciente en el sudeste de Australia está generando un fuerte impacto en la paleontología al aportar evidencia fósil concreta sobre la distribución de grandes dinosaurios carnívoros. Los restos corresponden a un depredador de gran porte y representan la primera confirmación directa de este grupo en esa región del planeta.
El análisis permitió establecer que el ejemplar vivió hace más de 100 millones de años, durante el Cretácico temprano. Se trataría del registro más antiguo conocido de un megaraptórido, lo que abre nuevas líneas de investigación sobre la evolución y los desplazamientos de estas especies en el hemisferio sur.
La investigación se apoyó en el estudio de cinco fósiles de terópodos hallados en el litoral del estado de Victoria, recuperados en la Formación Strzelecki, en Bass Coast, y la Formación Eumeralla, en Otway Coast.
Una cadena trófica distinta a la del resto del mundo
Entre los hallazgos más relevantes, los científicos identificaron megaraptóridos de entre 6 y 7metros, carcharodontosaurios de entre 2 y 4 metros, y depredadores pequeños conocidos como unenlagiines, de cerca de un metro de longitud.
Esta estructura rompe con el patrón global, donde los carcharodontosaurios solían ser los superdepredadores dominantes; en Australia, ese papel recayó en los megaraptóridos.

Dos de los ejemplares analizados figuran entre los megaraptóridos más antiguos conocidos, lo que obligó a los especialistas a replantear hipótesis sobre el origen y la dispersión temprana de este linaje.
Gondwana y la conexión entre continentes del hemisferio sur
Más allá del tamaño y la antigüedad, el descubrimiento ofrece evidencias sobre la relación entre los continentes del hemisferio sur. Los datos apuntan a que, durante el Cretácico temprano, Australia y Sudamérica habrían estado unidas de forma indirecta mediante la Antártida, lo que habría permitido la migración de especies entre ambos territorios.
El hallazgo refuerza la teoría de que los dinosaurios carnívoros tuvieron una dispersión más amplia y temprana de lo que se creía, obligando a reconsiderar los modelos aceptados sobre su origen y desarrollo en el antiguo supercontinente Gondwana.
Australia se consolida así como una ventana excepcional para comprender la biodiversidad del Cretácico en el hemisferio sur.















