Tener un doctorado en México ha dejado de ser un hito estrictamente académico para consolidarse como el activo financiero de mayor rendimiento educativo. Alcanzar este grado de estudios genera un incremento salarial promedio del 71%frente a perfiles de maestría, alcanzando hasta un 110% en sectores de tecnología y finanzas.

Tales resultados se presentaron en el webinar “Doctorados en México: el reto de acceder al grado con mayor retorno salarial”, en el que expertos del sector presentaron la Radiografía del Doctorado 2020-2026 de la institución de educación digital, UDAVINCI.

A medida que tecnologías como la inteligencia artificial automatizan hasta el 70% de tareas operativas y análiticas, el mercado laboral ha desplazado su interés hacia la gobernanza estratégica.

Las empresas han comenzado a priorizar perfiles con capacidad de interpretar, validar y aplicar tecnología y conocimiento en contextos complejos para transformarla en ventaja competitiva.

“El doctorado ya no es una pausa laboral, sino un catalizador de influencia. En la era de la IA, las empresas no buscan operadores, sino líderes capaces de validar ciencia aplicada que produzcan un impacto real en la industria. Esta elevación de la capacidad de liderazgo abona también a una mejor toma de decisiones basada en evidencia”, señaló Mercedes Poiré, vicerrectora de UDAVINCI.

La investigación de esta universidad, que cuenta con más de 20 años de trayectoria en México, también destacó un cambio estructural en el modelo de recuperación de la inversión.

Los programas tradicionales requieren entre 9 y 12 años para amortizar su costo, mientras que los nuevos modelos de investigación aplicada y modalidad flexible permiten recuperar el capital en menos de 3.5 años.

Expertos de esta institución aseguraron que la flexibilidad digital es un factor determinante para el acceso a la alta especialización. Esta flexibilidad ya no se trata de una comodidad, sino de una condición indispensable para poder compatibilizar la profesionalización con la vida laboral.

Sobre todo porque históricamente la imposibilidad de abandonar el puesto de trabajo para ir a un aula ha sido el mayor freno para la alta dirección.