Evolución

Este es el rostro real de nuestra antepasada más antigua: así se veían los humanos hace 3 millones de años

Con más de 400 fragmentos óseos, el esqueleto de Lucy se convirtió en un eslabón crucial en la cadena evolutiva.

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En 1974, el descubrimiento de los restos fósiles de una mujer perteneciente a la especie Australopithecus Afarensis en Hadar, Etiopía, generó gran impacto a nivel mundial.

Bautizada como Lucy, esta extraordinaria homínida, que vivió hace aproximadamente 3,2 millones de años, proporcionó a los científicos una ventana sin precedentes a la vida de nuestros primeros ancestros humanos.

Esta resultó fundamental para avanzar en la comprensión de la evolución humana. Conformado por más de 400 fragmentos óseos, su esqueleto fue un eslabón crucial en la cadena evolutiva

Lucy: un eslabón crucial en la cadena de la evolución humana. Fuente:  A. Czekaj, A. Pkalski / Jagiellonian University

Lucy: un ancestro humano con características sorprendentes

A pesar de medir solo 1 metro de altura y pesar unos 30 kilogramos, Lucy podía caminar erguida sobre dos patas, una hazaña sin precedentes para un homínido de su época.

Su esqueleto, conservado en un 40%, permitió a los científicos reconstruir su vida. Sus piernas cortas tenían arcos que indicaban una forma de andar similar a la humana.

Sus brazos largos, ideales para trepar, revelaban que pasaba tiempo en las ramas, pero también se adaptaba a la vida terrestre. Su pelvis y postura erguida eran sorprendentemente similares a las de los humanos modernos.

Los estudios de sus dientes y huesos indicaron que Lucy era una adulta cuando falleció, probablemente a los 13 años. Las fracturas en sus huesos sugieren que pudo haber caído de un árbol. 

Lucy: el homínido que sorprendió a los científicos. Fuente: A. Czekaj, A. Pkalski / Jagiellonian University

Reconstrucción facial ofrece una mirada sin precedentes a nuestro ancestro

Replicar homínidos antiguos requiere una meticulosa reconstrucción que comienza con un profundo análisis de su estructura ósea. De esta manera, se elabora un marco de acero articulado que replica su postura. 

A continuación, se manipula con precisión la arcilla para esculpir los músculos, la piel y los detalles de arrugas y pliegues del cuerpo. Con este modelo como base, se crean moldes de silicona

Finalmente, se insertan de manera manual pelos sintéticos, otorgando una asombrosa sensación de realismo a la figura esculpida.

En el Centro de Educación de la Naturaleza de la Universidad Jagellónica en Cracovia, Polonia, los visitantes tienen la oportunidad de ver la réplica de silicona de Lucy.

De este modo, los individuos tienen la oportunidad de visualizar la apariencia del homínido que establece la conexión entre los humanos modernos y sus ancestros, facilitando así la comprensión de nuestra evolución.

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