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Hay hombres que saben leer el mercado a la perfección. Carlos Slim es uno de ellos. Durante décadas, mientras economistas, banqueros y empresarios debatían si México se hundía o flotaba, él compraba.
Compraba empresas que nadie quería, sectores que venían de derrotas, activos que pocos elegían. Y luego con paciencia, esperaba. Esa es, en esencia, la regla de oro que convirtió a un ingeniero civil de la Ciudad de México en el hombre más rico del país.
Reducir su fortuna a un simple instinto para comprar barato sería simplificar demasiado. Detrás de cada inversión hay una estrategia: disciplina, visión de largo plazo, control estricto de costos y una lectura precisa del funcionamiento de los mercados emergentes.
No se trata de una fórmula improvisada, sino de un método aplicado de manera consistente desde los años setenta.

Comprar cuando todos huyen: la estrategia más contraintuitiva del empresario
El gran secreto de Carlos Slim nunca fue realmente un secreto. Siempre estuvo a la vista: invertir cuando otros huyen. Su estrategia no se basó en la intuición, sino en una lectura paciente de los ciclos económicos y en la convicción de que las crisis son momentos de reconfiguración, no de desaparición.
Entendió algo que muchos prefieren ignorar: las economías emergentes atraviesan turbulencias profundas, pero tienden a recomponerse. En lugar de paralizarse frente a la incertidumbre, optó por analizar activos subvaluados, estructuras productivas debilitadas y sectores con potencial de expansión. Donde el mercado veía riesgo, él veía oportunidades.
Apostó por industrias esenciales, aquellas cuya demanda no desaparece con una crisis, sino que, en muchos casos, se transforma y se expande con el tiempo. Su lógica fue clara: adquirir valor cuando el precio está distorsionado por el miedo colectivo y sostener la inversión con una visión de largo plazo.
En la práctica, esa visión se tradujo en apuestas concretas. La más emblemática fue la compra de Telmex en 1990, que se convirtió en la base de su imperio en telecomunicaciones y luego dio origen a América Móvil, hoy uno de los gigantes del sector en América Latina.
También invirtió en infraestructura y construcción a través de Grupo Carso, con presencia en energía, comercio e industria. En el sector financiero participó en el rescate y consolidación de instituciones bancarias tras crisis económicas. En minería apostó por Minera Frisco, y en el comercio minorista tomó posiciones relevantes en Grupo Sanborns.
El dinero que se gasta también construye fortuna: austeridad como filosofía del poder
Para un hombre que acumuló una fortuna que en su pico superó los 70 mil millones de dólares, su cotidianidad resulta desconcertadamente austera. Vive desde hace décadas en la misma en Lomas de Chapultepec. No tiene yates ni islas privadas. Sus trajes son sencillos, sus relojes discretos.
Esa austeridad no es pose ni publicidad. Es la misma filosofía que aplica a sus empresas y que aprendió de su padre, Julián Slim Haddad, quien llegó a México a principios del siglo XX con poco dinero, pero con una claridad meridiana sobre el valor del ahorro.
De hecho, dijo en repetidas ocasiones que uno de los principios fundamentales es reinvertir las ganancias en lugar de consumirlas.
Esa disciplina es lo que le permitió que sus negocios crecieran de forma compuesta a lo largo de décadas. Cada peso que no se gastó en lujos innecesarios fue un peso que pudo convertirse en una nueva adquisición.

Por qué Carlos Slim está apostando todo al tablero digital en 2026
El hombre que construyó su fortuna sobre líneas telefónicas de cobre y tiendas de departamentos con tecolotes de azulejo sabe perfectamente que el mundo ya no funciona igual. Y lejos de resistirse, está abrazando el cambio con la misma frialdad calculadora con la que alguna vez compró empresas en quiebra. Grupo Sanborns, la división de retail de Grupo Carso, cerró 2025 como el motor financiero del holding: generó ventas anuales por 74 mil 296 millones de pesos y aportó casi la mitad de los ingresos consolidados del conglomerado en un año donde otros segmentos sufrieron presiones.
Pero no está satisfecho con eso. La hoja de ruta para 2026 es clara y representa un giro radical: menos ladrillos, más código. La prioridad del capital se está moviendo hacia la implementación de sistemas de gestión empresarial de clase mundial como Oracle y plataformas de ventas robustas como Salesforce, con el objetivo de convertir sus operaciones de comercio electrónico en máquinas de precisión logística.
El formato iShop es el gran termómetro de esta transformación: creció de 107 a 124 unidades en el último año, convirtiéndose en el segmento de mayor expansión dentro del portafolio de Sanborns. No es casualidad. Los productos de tecnología son la categoría de mayor crecimiento en el retail y el canal por el que los consumidores más jóvenes se conectan con las marcas. El empresario lo sabe, y está posicionando sus fichas en consecuencia.















