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En 2022, la Suprema Corte de Justicia de la Nación emitió un fallo en Hidalgo que declaró inconstitucional la imposición del apellido paterno en primer lugar. Esta decisión estableció un precedente significativo al reconocer el derecho de las familias a determinar libremente el orden de los apellidos de sus descendientes.
Durante años, el acta de nacimiento asignó automáticamente el apellido del padre en primer lugar, relegando al materno. Esta normativa, contemplada en la Ley del Registro Civil, respondía a una lógica patriarcal que minimizaba la importancia de las madres en la construcción de la identidad y el linaje familiar.
El legado de Hidalgo: Alfajayucan y un registro pionero
El 10 de octubre de 2022, Alfajayucan, municipio del estado de Hidalgo, se convirtió en el escenario de un acontecimiento sin precedentes. En esa fecha, una pareja optó por ejercer un derecho que, aunque contemplado en la legislación desde 2015, había sido poco aplicado en la práctica: registrar a su hija con el apellido materno en primer lugar.
La decisión desafió una costumbre profundamente arraigada, que dictaba que el apellido del padre debía figurar automáticamente al inicio del acta de nacimiento. Por primera vez en la historia del municipio, una familia cuestionó de manera explícita esta norma no escrita, abriendo así un nuevo camino en la concepción de la identidad familiar.
El Ayuntamiento de Alfajayucan resaltó este acontecimiento como un avance significativo hacia la igualdad de género y el reconocimiento del papel de las mujeres en el ámbito familiar. Asimismo, sirvió para visibilizar que, tras la reforma al Código Civil de Hidalgo en 2015, las familias poseen la libertad legal de decidir el orden de los apellidos al momento del registro, un derecho que hasta ese momento era poco conocido y escasamente ejercido.
Puebla avanza hacia la preferencia del apellido materno en casos de desacuerdo
La diputada local de Morena en Puebla, Graciela Palomares Ramírez, presentó en abril de 2025 una iniciativa para modificar el Código Civil del estado, respaldada por el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el antecedente de Hidalgo, con un enfoque más ambicioso.
La propuesta no se limita a garantizar la libertad de las familias para decidir el orden de los apellidos. Va un paso más allá: plantea que, si los padres no logran ponerse de acuerdo, el Registro Civil asigne de manera automática el apellido materno en primer lugar. De aprobarse, el cambio revertiría la lógica histórica que, ante la falta de consenso, privilegiaba por defecto el apellido paterno.
Palomares Ramírez calificó la práctica tradicional como “discriminatoria” y señaló que, aunque en algunas entidades ya existe la posibilidad legal de elegir el orden de los apellidos, son pocas las familias que hacen uso de ese derecho, ya sea por desconocimiento o por la presión de normas sociales arraigadas.
“Es momento de dejar atrás prácticas que invisibilizan a las madres. Esta reforma apunta a una igualdad sustantiva y al reconocimiento pleno de los derechos de las mujeres”, sostuvo la legisladora.
¿Por qué se prioriza el apellido del padre en la tradición?
La costumbre de colocar el apellido del padre en primer lugar tiene raíces históricas, jurídicas y culturales profundamente vinculadas a sistemas patriarcales. Durante siglos, la filiación legal y social se construyó a partir de la figura masculina, considerada la cabeza del hogar y el principal referente de herencia, linaje y patrimonio.
En el ámbito legal, muchas leyes civiles asumieron que el apellido paterno garantizaba certeza sobre la filiación y la transmisión de bienes, mientras que el rol de la madre quedaba limitado al cuidado y la crianza. Esta lógica se trasladó al Registro Civil, donde el orden de los apellidos se estableció como una norma automática y no como una elección.
A ello se sumó el peso de la costumbre social: generaciones enteras crecieron bajo la idea de que alterar el orden “correcto” de los apellidos era una excepción o incluso un error. Así, aun cuando las leyes comenzaron a permitir la libre elección, la presión cultural y el desconocimiento mantuvieron vigente una práctica que hoy es cuestionada por reproducir desigualdades de género y por invisibilizar el aporte de las madres en la identidad familiar.