Con el 84% de los votos escrutados, el bloque del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, mantiene una ligera ventaja sobre la oposición encabezada por el exjefe militar Gadi Eisenkot.
Sin embargo, ninguno de los dos sectores alcanza los 61 escaños necesarios para controlar la Knéset, el Parlamento de Israel, que tiene 120 escaños y la mayoría se alcanza con 61.
Según los últimos datos del Comité Electoral Central y los cálculos de los principales medios israelíes, el bloque de Netanyahu tiene 54 bancas, frente a 49 del llamado bloque del cambio, liderado por Eisenkot. Los partidos árabes, que no están integrados formalmente en ninguno de los dos espacios, reúnen 19 escaños.
La elección, por lo tanto, queda abierta a una etapa de negociaciones. Con la distribución actual, tanto Netanyahu como Eisenkot necesitan sumar apoyos externos o alcanzar acuerdos con otras fuerzas para intentar formar Gobierno.
El voto árabe creció y cambió el reparto de bancas
El avance de los partidos árabes se explica en buena medida por el fuerte aumento de la participación en localidades con mayoría de ciudadanos palestinos de Israel. La Lista Conjunta, una alianza de partidos árabes y de izquierda, llegó a 13 escaños, mientras que Raam, la formación islamista liderada por Mansur Abás, alcanzó los 6.
El crecimiento se produjo a medida que avanzó el recuento en algunas de las principales localidades árabes. Entre ellas aparece Rahat, en el sur del país, donde la participación pasó del 60,6% en 2022 al 82% en estas elecciones, según datos citados por la prensa israelí.
La evolución del escrutinio resulta relevante porque los 19 escaños de las fuerzas árabes pueden resultar determinantes para cualquier acuerdo que permita superar el umbral de 61. El escenario, además, puede volver a modificarse con los votos que todavía no fueron contabilizados.
El líder de la Lista Conjunta, Yusef Yabarín, afirmó que su espacio está dispuesto a trabajar para impedir la continuidad del actual Gobierno. “Estaremos preparados para allanar el camino para derrocar al Gobierno de Netanyahu, Ben Gvir y Smotrich y mandarlos de vuelta a casa”, declaró, según el diario Ynet.
Netanyahu cuestionó a los partidos árabes durante la campaña, pero ahora son decisivos
La situación representa una dificultad política para Eisenkot y sus aliados. Durante la campaña, Netanyahu utilizó la posibilidad de que la oposición necesitara a los partidos árabes como uno de sus principales argumentos contra su rival.
La mayoría de los dirigentes del bloque opositor rechazó públicamente la posibilidad de incorporar a estas fuerzas a un eventual Gobierno. Una de las excepciones es Yair Golán, líder de Los Demócratas, quien cuestionó en X la división entre “votos judíos y votos árabes” planteada por Netanyahu y dejó abierta la posibilidad de aceptar el respaldo de los partidos árabes.
Netanyahu, por su parte, todavía no se pronunció públicamente durante las últimas horas sobre el avance del escrutinio. Tampoco lo hizo la mayoría de los principales dirigentes opositores, mientras continúan las conversaciones internas en los distintos espacios.
La incertidumbre también tuvo impacto en los mercados. La Bolsa de Tel Aviv abrió la jornada con fuertes caídas, mientras el séquel se depreciaba frente al dólar y el euro, en medio de la falta de certezas sobre la composición del próximo Gobierno.
El resultado todavía puede cambiar
El escrutinio tampoco está cerrado. Los llamados sobres dobles, que contienen los votos de personas que no pudieron sufragar en su lugar de residencia —entre ellas militares, presos, pacientes hospitalizados y mujeres alojadas en casas de acogida—, comenzarán a contabilizarse posteriormente.
Según Elad Nave, director del centro de control de la Comisión Electoral Central, se prevé que haya más de medio millón de estos sobres. Su recuento comenzará cerca de la medianoche y podría extenderse hasta el jueves por la noche.
Por eso, aunque el reparto actual marca una ventaja para Netanyahu, todavía no existe una composición definitiva de la Knéset. La participación total fue de 77,7%, la más alta desde 1999, y el elevado nivel de concurrencia en las localidades árabes terminó modificando de manera significativa las proyecciones iniciales.
Las encuestas a pie de urna habían mostrado un escenario mucho más ajustado entre los dos grandes bloques. El recuento fue inclinando parcialmente la balanza hacia Netanyahu, pero sin darle una mayoría propia. El resultado final dependerá tanto de los votos pendientes como de los acuerdos que puedan alcanzar los distintos partidos después de la elección.