El asado en Argentina siempre fue mucho más que una comida: es un ritual que convoca a familias y amigos alrededor del fuego. Sin embargo, ese paisaje clásico empezó a transformarse, impulsado por nuevas rutinas y por la incorporación de tecnologías que modificaron la forma de cocinar sin alterar su esencia.
En los últimos años, distintas alternativas modernas comenzaron a ganar lugar en los hogares. Parrillas eléctricas, modelos a gas y sistemas a pellets se consolidaron entre quienes buscan practicidad, especialmente en contextos urbanos donde el espacio y el tiempo son cada vez más limitados.
La nueva forma de hacer asado en Argentina
La posibilidad de regular la temperatura con precisión, encender en pocos minutos y reducir el humo resulta particularmente atractiva para quienes viven en departamentos o no quieren dedicar tanto tiempo a la preparación previa.
En ese escenario, las parrillas eléctricas y a gas se destacan por su simpleza, ya que permiten cocinar distintos cortes sin necesidad de dominar el manejo del carbón y generan menos residuos, algo valorado por quienes priorizan la eficiencia.
Por su parte, las parrillas a pellets se posicionaron como una opción innovadora. Funcionan con cilindros de madera comprimida provenientes de residuos de la industria maderera, lo que las convierte en una alternativa más sustentable. Además, sus sistemas de ventilación y control digital facilitan preparaciones más complejas.
El asado versión 2026 combina menos humo, mayor control y la misma esencia de siempre: reunirse alrededor de la mesa. Y justamente la presentación empezó a cobrar un rol más importante dentro de la experiencia gastronómica. Materiales naturales, tablas y vajilla de madera ganan protagonismo porque aportan calidez y un estilo más cuidado al momento de servir.
En esa tendencia se inscriben propuestas como los platos rectangulares de bambú de Hudson, disponibles a $ 17.400 por set de dos piezas, pensados para sumar un toque natural sin perder practicidad. Con medidas compactas y un diseño simple.
Como ocurre en toda tradición gastronómica, será el tiempo el que defina cómo conviven innovación y costumbre. Lo único seguro es que el asado sigue vivo y, como siempre, alrededor de una mesa compartida.