Argentina es un país de mascotas, ya que ocho de cada diez hogares conviven con al menos un animal de compañía, una cifra que se mantiene estable desde 2022 y que ubica al país entre los primeros del mundo en tenencia, según el relevamiento nacional de Kantar.
Mientras tanto, el perro sigue siendo el preferido, presente en alrededor del 80% de los hogares, mientras los gatos crecieron del 47% en 2017 al 53% en 2024. En la Ciudad de Buenos Aires, la tenencia ronda el 59% y conviven más de 800.000 perros y gatos, al punto de que hay más perros que niños menores de diez años.
Ese vínculo se vuelve especialmente significativo en la tercera edad, una etapa donde la soledad y la pérdida de rutinas pueden afectar la salud física y emocional. La pregunta que muchos adultos mayores y sus familias se hacen es si conviene sumar una mascota al hogar. Para Patricia Paredes (M.P. 7387), médica veterinaria del equipo de Natural Life, la respuesta corta es un “rotundo sí”, aunque con matices.
“Tener una mascota en la tercera edad puede ser un motor de vida, pero requiere elegir al compañero adecuado según el ritmo y la salud de cada persona”, explica la profesional. La recomendación, advierte, no es universal. Antes de adoptar hay que evaluar si la persona cuenta con la capacidad física, económica y el deseo genuino de asumir la responsabilidad que implica el cuidado de un animal.
La evidencia científica respalda los beneficios. Acariciar a una mascota reduce los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés, y aumenta la producción de oxitocina, vinculada al bienestar y al apego social. Un estudio longitudinal europeo publicado en Scientific Reports documentó que quienes conviven con perros o gatos muestran un deterioro cognitivo más lento, mientras que una investigación del Trinity College de Dublín relacionó pasear al perro al menos cuatro veces por semana con una mejor movilidad y un menor riesgo de caídas en mayores de 60 años.
Los beneficios y las alertas
Paredes ordena las ventajas en cuatro ejes.
- La compañía, porque los animales aportan presencia constante y un sentido de propósito, el saber que alguien depende de ellos.
- La rutina, ya que obligan a sostener horarios de comida y cuidados que ayudan a mantener la mente activa.
- El movimiento, sobre todo con perros, que fomentan la caminata diaria.
- La sensación de seguridad y protección en el hogar.
Pero la veterinaria insiste en que toda decisión debe considerar también las alertas. La principal es el riesgo de caídas, por tropiezos con el animal o tirones fuertes de la correa. A eso se suma la presión económica de los gastos veterinarios, las vacunas y el alimento de calidad. También el duelo, porque la pérdida de la mascota puede resultar emocionalmente devastadora. Y las limitaciones futuras, dado que si la salud del dueño empeora, el animal puede quedar desatendido.
Perro o gato: cómo elegir
La elección entre un perro y un gato depende del estilo de vida y de las capacidades físicas de cada persona. Para los adultos mayores activos y sociables, Paredes considera al perro la opción ideal, porque estimula las salidas al parque y la interacción con los vecinos. En cambio, ante movilidad reducida o fragilidad, recomienda un gato, un animal independiente que no requiere paseos y se adapta a espacios pequeños.
Cuando se busca tranquilidad o se tiene baja energía, tanto un gato como un perro senior resultan excelentes compañeros, porque los animales adultos suelen dormir mucho y son menos demandantes. Y si lo que se necesita es estructurar el día, el perro vuelve a imponerse por sus horarios de salida. La recomendación general de la veterinaria radcia en que conviene más adoptar animales adultos y evitar los cachorros, cuya energía y necesidad de entrenamiento pueden resultar agotadoras.
¿Y si hay problemas de movilidad?
En casos de movilidad muy limitada, la compañía sigue siendo valiosa pero debe adaptarse. “Un perro de gran tamaño es peligroso por el riesgo de tirones. En esos casos quizás es más recomendable un gato adulto, o incluso aves y peces, que brindan compañía sin riesgo físico”, señala Paredes. Si de todos modos se opta por un perro, la profesional recomienda contar con una red de apoyo, familiares o paseadores que se encarguen del ejercicio del animal, para que el adulto mayor disfrute del afecto en el hogar.
Dónde adoptar y cómo empezar
La adopción es ya la vía principal de acceso a una mascota en Argentina: alrededor del 63% de los dueños eligió adoptar, frente a un 11% que compró. Paredes sugiere recurrir a refugios y protectoras, que conocen el temperamento del animal y asesoran sobre cuál se adapta mejor a cada perfil. También menciona los programas de “Adopta un Senior”, que muchas ONG ofrecen para emparejar animales adultos con personas mayores, y los rescates locales a través de redes vecinales de confianza.
Una vez concretada la adopción, recomienda iniciar el proceso con una visita al veterinario para un chequeo general, la actualización de vacunas y la desparasitación. En paralelo, hay que adaptar el hogar y eliminar cables sueltos o alfombras que puedan causar tropiezos.
La identificación con una chapita con nombre y teléfonos de contacto, preferentemente incluyendo el de un familiar. A eso se suma establecer una rutina con horarios fijos desde el primer día y, sobre todo, definir un plan de contingencia donde la familia acuerde quién se hará cargo del animal ante cualquier imprevisto de salud del adulto mayor.