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En 1974, un pescador alemán llamado Roland Lorkowsky liberó miles de alevines de siluro (Silurus glanis) en el embalse de Mequinenza (provincia de Zaragoza, España) con la intención de crear una especie de trofeo para la pesca deportiva.

Este pequeño grupo fundador se convirtió en un cardumen que sobrevivió por años en un ambiente desconocido para la especie. Ahora, tras 50 años, la especie ha colonizado la zona y se ha expandido hacia otros hábitats, lo que ha llevado al colapso de especies autóctonas emblemáticas.

El “titán de aguas dulces” que amenaza la biodiversidad

Hoy, este gigante de las aguas es visto por algunos como una tragedia medioambiental, mientras otros aprovechan su presencia para potenciar la pesca deportiva.

Silurus.Wikipedia

El siluro no es un pez cualquiera, sino que se trata del pez de agua dulce más grande de Europa por su capacidad de superar los 2,5 metros de longitud y alcanzar pesos de hasta 200 kilogramos.

Su capacidad de adaptación, su longevidad y su apetito insaciable (come diariamente del 5% de su peso) lo hacen un súper depredador imparable.

Siluro.Fuente: iStockphotoGetty Images/iStockphoto

A lo largo de estos 52 años, la especia colonizó con éxito el Ebro y se expandió progresivamente hacia otros grande ríos y embalses de la geografía española. Su dieta consta desde pequeños peces e invertebrados hasta anfibios, aves acuáticas e incluso pequeños mamíferos que se aproximan a las orillas.

Carlos Fernández Delgado, catedrático de la Universidad de Córdoba, considera su presencia como una “bomba de reloj ecológica”.

Peligra la biodiversidad autóctona

El impacto medioambiental del siluro es devastador, ya que los ecosistemas fluviales españoles no estaban preparados para para la evolución un depredador de semejante magnitud. La fauna está al borde del colapso y las especies autóctonas emblemáticas peligran.

Hoy en día su erradicación es prácticamente imposible pese a los esfuerzos de control y la normativa que prohíbe su transporte. Su tamaño, tasa de reproducción y la complejidad de los cauces viales complican su control.

Cinco décadas tras la liberación de los primeros ejemplares por parte de Roland Lorkowsky, el gran titán de aguas dulces consolida su hegemonía en los ríos españoles.