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Carlos Néstor Luera lleva la piel tostada por años de sol, pero hoy trabaja doce metros bajo tierra. Encabeza las excavaciones del Paso Bajo Nivel y Anillo La Pampa, una megaobra porteña que crece con cautela.

La cercanía del Río de la Plata vuelve inestable el suelo. Los equipos avanzan despacio para proteger la vida de los obreros, que trabajan entre humedad y poca luz.

Para acelerar sin arriesgar a nadie, el equipo cavó dos pozos de ataque en los extremos de la obra. Cada pozo mide cuatro metros de diámetro y doce de profundidad. Desde allí bajan trabajadores, materiales y maquinaria, y también retiran los escombros.

Bajo tierra, la temperatura sube incluso en invierno. Un ventilador inyecta aire fresco desde la superficie a través de un caño, y los obreros se quitan capas de abrigo antes de entrar al pozo.

En lo más profundo, un túnel transversal conecta las galerías en excavación. La primera galería terminada cumple una función de drenaje. “Cuando empezamos, esto era como un día de lluvia”, recuerda Carlos sobre el agua que caía de todos lados.

Esa galería recoge el agua de napa y la bombea hacia afuera. Así los equipos logran excavar los túneles en seco, según explican los ingenieros a cargo del proyecto.

A diferencia del túnel transversal, revestido en hormigón, la galería de drenaje expone la tierra sostenida por entibados. Algunos sectores presentan riesgo de pequeños desprendimientos. Por seguridad, el capataz prohíbe cruzar hacia el otro extremo del recorrido.

Los obreros excavaron todo a mano, con martillo neumático y personal especializado. Ahora avanzan sobre los laterales de los túneles principales. Esos hastiales sostendrán después el techo del paso bajo nivel.

Tres hastiales que transformarán los traslados diarios

El paso bajo nivel tendrá tres hastiales: dos laterales y uno central. El hastial central dividirá las dos manos de circulación. Solo dos operarios manejan los martillos, mientras otros cuatro trasladan los escombros.

Cuando terminen los hastiales, comenzarán las excavaciones principales: la bóveda y la solera. La obra sigue el método alemán, más conservador para suelos blandos. Por eso usan retroexcavadoras medianas y perfilan los túneles a mano.

En paralelo, crecen los pilotes que darán estabilidad al paso bajo nivel y al anillo. El anillo estará destinado a peatones y ciclistas, y completará la conexión entre los barrios cercanos.

Una vez terminada, la obra transformará los traslados diarios hacia el río. Los vecinos ahorrarán más de la mitad del tiempo entre La Pampa y Alcorta hasta Aeroparque, evitando el rulo de Parque Norte y Tierra Santa, señaló el jefe de Gobierno, Jorge Macri.

También estudiantes y docentes que viajan a Ciudad Universitaria llegarán más rápido. Ese beneficio cotidiano nace de un trabajo invisible, escondido doce metros bajo la superficie porteña.

A Carlos, el esfuerzo lo llena de orgullo. “Me da satisfacción decir: yo hice esto y viajo por acá”, resume el capataz sobre su paso por la obra.