

Dejar un exitoso cargo corporativo para convertirse en emprendedor implica una enorme disyuntiva. Por un lado, representa uno de los anhelos más comunes de gran parte de los ejecutivos. Por otro, si bien es un renovado desafío profesional, implica barajar y dar de nuevo para afrontar el reto, con los riesgos que ello concierne. Más allá del dilema, lo concreto es que en este tipo de situaciones el pasado parece jugar un papel determinante, sobre todo en el caso de exitosos ejecutivos que se han formando en empresas consideradas escuelas, que podrían sacar buen provecho de la amplia red de contactos adquirida y del training que implica afrontar a diario las presiones propias de los gigantes corporativos. Ahora bien, ¿es realmente así? ¿Efectivamente se corre con ventaja o no queda otra que empezar de cero? ¿Se tiene la delantera a la hora de contactar clientes, proveedores o inversores? ¿Cuánto juega en verdad el know how adquirido y el oficio de lidiar con el día a día de una gran empresa?
Siete casos de éxito comprobado, todos ex big players, corroboran que el paso por corporaciones de gran calibre viene al caso como diferencial para afrontar de manera exitosa el plan propio. En principio, todos coinciden en que este pasado los ha dotado de una fuerte coraza a la hora de sentarse a negociar con alguien o de conseguir clientes para sus proyectos, y no dudan en asegurar que estos toques curriculares los han provisto de una chapa que se extiende prácticamente de por vida. Pero además de agregarle un diferencial al CV y de darle más credibilidad al proyecto, la experiencia adquirida, las relaciones entabladas y el conocimiento asimilado parecen ser las máximas que han extraído estos emprendedores de sus pasos por algunas de las consideradas empresas escuela, como Techint, Unilever, IBM o Procter & Gamble, por citar algunos casos. Y si bien la mayoría reconoce que se abren más puertas y que hay mayor predisposición para ser escuchados, aclaran que es sólo el comienzo, ya que luego juegan más
la performance personal y no tanto el prestigioso pasado.
Pero varía según los casos. A algunos los ayudó a conseguir inversores, a otros clientes, y hubo quienes aprovecharon para ir haciéndose conocidos dentro del rubro, si es que planeaban ya el emprendimiento posterior en el mismo segmento. Algunos aprovecharon los contactos para armarse de una buena red de servicios y proveedores, muchas veces el secreto del éxito de un emprendimiento. Incluso aquellos que tuvieron pasos cortos por estas empresas escuela (o con cargos no demasiado importantes) destacan la influencia que tuvieron luego. Todos, sin excepción, aseguran que fue determinante para definir sus perfiles actuales, a la vez que destacan la confianza y seguridad que les brinda haber pasado por las presiones que implica una gran corporación, con variedad de crisis internas afrontadas y la necesidad de asumir riesgos, liderar equipos y tomar decisiones importantes aún desde los momentos iniciales. De hecho, algunos reconocen que han copiado técnicas de diverso tipo que vieron en estas grandes empresas. Y no dejan de destacar el oficio que se gana en este tipo de empresas, con un ritmo de trabajo y entrenamiento muy fuerte, y también el aprendizaje de cómo manejarse en el ámbito de los negocios y poder aprovechar las oportunidades que surgen.
Sin embargo, también destacan que no es determinante un paso por estas empresas para tener éxito posterior en los emprendimientos, y que lo más importante es la actitud, el empuje y la estrategia del entrepreneur. Y que en definitiva, todo depende de uno mismo, no sin antes enumerar algunas desventajas: comenzar de cero con una empresa mucho menor en volumen y ventas después de cargos ejecutivos de relieve puede ser un golpe duro de sobrellevar.
Pero lo concreto es que la chapa parece quedar de por vida. Y es sabido que en el mundo de los negocios si hay algo que no tiene precio, es una buena reputación. Pasen y vean.










