Como toda empresa argentina y, además, como medio de comunicación, El Cronista Comercial fue reflejo del país en el que se desarrolló. Así fue como vivió períodos de gloria, de fracasos, de anhelos, de decepciones y hasta de tragedias colectivas. Recorrer la historia de un diario centenario es, entonces, repasar la historia del país que lo vio nacer y crecer, de los conflictos que sus páginas reflejaron, de los intereses de quienes lo sostuvieron y de los muchos lectores que lo acogieron.
Los comienzos
La Institución Informativa La Comercial, fundada en 1892, fue una de las principales compañías latinoamericanas de servicios de información crediticia para empresas y bancos. La necesidad de aceitar la comunicación que semejante institución debía a sus asociados impulsó a su titular, Antonio Martín Giménez, y a sus socios, Rafael Severino Perrotta, Luis Zambrini y Carlos Liberatore, a fundar el 1º de noviembre de 1908 el periódico El Cronista Comercial, primer medio de comunicación de negocios del país, cuyo primer director fue el mismo Giménez.
Hasta finales de la década del 30, ya con Perrotta como conductor (quien falleció en 1938), el diario creció en páginas y era el medio en el que se expresaban los principales actores económicos del país. Ministros, presidentes de entidades como la Bolsa de Comercio, la Sociedad Rural o la Cámara de Comercio eran sus habituales columnistas.
Con Juan Domingo Perón en el gobierno, El Cronista encara su primer relanzamiento. Sin dejar de ser un diario básicamente económico, comenzó a sumar información sobre otras temáticas como las secciones de Política y Sociedad.
En 1950 se suma como codirector Rafael Andrés Perrotta, hijo de Severino (quien sería su figura emblemática en las tres décadas siguientes), responsable de la primera expansión: la compra, en 1962, del El Avisador Mercantil, competidor directo de El Cronista.
Tiempos de efervescencia social e ideológica, las décadas del 60 y 70 impactaron con fuerza en el interior de un diario nacido por y para las empresas, entre las que predominaba una corriente ortodoxa de la economía. Pero en esa época, muchos empresarios comenzaron a formar parte de corrientes de pensamiento diferentes a las tradicionales, sobre todo en el desarrollismo impulsado por Arturo Frondizi, aunque también socialdemócratas.
Su amplitud intelectual no le impedía al director de El Cronista ser amigo personal de José Alfredo Martínez de Hoz. O que frecuentara al almirante Emilio Massera, mucho antes de que integrara la Junta Militar que derrocó a María Estela Martínez de Perón. Estas relaciones y otras, construidas con el tiempo y desde el lugar –social y periodístico– que Perrotta ocupaba, lo convertían en una de las personas mejor informadas de la Argentina. También supo tener amigos entre intelectuales de izquierda, artistas y militantes sociales.
Los 70 le permitieron un experimento que hizo historia. A la par del tradicional matutino económico, que se distribuía por suscripción, lanzó un diario a la calle de alto perfil político para competir con La Opinión. Se nutrió de periodistas jóvenes como Roberto Guareschi, Tito Amadeo, Jorge Riaboi, Ricardo Kirschbaum, Carlos Abalo, Alberto Dearriba, y plumas renovadoras como las de Roberto Cossa, Osvaldo Soriano y Carlos Somigliana, que daban brillo al suplemento cultural del diario.
El “Rodrigazo sepultó económicamente el proyecto, que luego la dictadura militar se ocuparía de cercenar de manera más trágica. Rafael Perrotta engrosó la lista de desaparecidos en abril de 1977. Igual destino corrió su entonces delegado, Héctor Demarchi, y Julián Delgado, uno de directores que lo sucedió.
En 1975 se iniciaron las conversaciones con el grupo Sasetru, creado en 1949 por Néstor Jorge Salimei, Juan ngel Seitun y Jorge Trucco Aguinaga, quienes recientemente habían comprado la Revista Mercado y que
desde julio de 1976 se hicieron cargo de El Cronista, junto con su histórico edificio de la calle Alsina 547. Los responsables de Mercados (el mencionado Delgado, Alberto Borrini, Raúl Sarmiento y Mario Sekiguchi) asumieron su dirección.
En lo editorial el diario recobró, con un enfoque moderno, la información de negocios, retornó a la economía como principal temática y generó nuevos productos como el anuario con la visión de los presidentes de las principales empresas del país, un clásico que nutre el menú de contenidos del diario hasta el día de hoy. Cuando en junio de 1983 Borrini, Sekiguchi y Sarmiento pasaron a dedicarse en forma exclusiva al management de la empresa, nombraron como director al periodista Ricardo Frascara, que se mantuvo en el cargo hasta noviembre de 1985. El economista Juan Carlos De Pablo lo sucedió hasta su venta al empresario textil Eduardo Eurnekian, en 1986, aunque permaneciendo como columnista y asesor editorial hasta 1990.
Su nuevo dueño impulsó la competencia en el segmento de los diarios generalistas, aunque sin perder del todo el perfil económico. Esta tarea fue encomendada a Raúl Burzaco, quien asumió como director el 1° de enero de 1997. Destacado periodista, había sido director del diario Tiempo Argentino.
En ese momento, el color salmón se apropió de la sección Mercados, y a su menú se le sumaron otros suplementos más innovadores (Cultural, Espectáculos, Deportivo, Arquitectura, Inmobiliario, Informática, Salud, Video, Life & Fitness, Gourmet, Automotor, Agropecuario y Comercio Exterior y hasta una revista para chicos, Alf).
La apuesta se reflejó en el nivel tecnológico. La redacción se pobló de computadoras y las rotativas sumaron color a su tirada, aunque lo más destacado fue el comienzo de la página web del diario. En 1994 el sitio Cronista.com fue pionero en colocar noticias en la web.
En los 90 hubo más cambios. El economista Enrique Szewach, el periodista Mario Diament y el empresario Dardo Gasparré encararon sucesivos procesos de renovación, pero siempre en torno a un diario con amplios intereses. Hasta que en 1994, un histórico de la redacción, Néstor Scibona, lo colocó nuevamente en la senda original.
En 2000 hubo un nuevo cambio de manos. El grupo español Recoletos, que en ese entonces era controlado los editores del prestigioso Financial Times, desembarcó en la Argentina con la idea de apuntalar su crecimiento a nivel global. Con ellos, sus páginas se tiñieron del color salmón que distingue a los principales diarios económicos del mundo. En lo editorial reforzaron su posicionamiento como proveedor de información de negocios, y potenciaron a las revistas Apertura, Target e Information Technology.
En julio de 2001 Scibona dejó el diario y asumió temporalmente la conducción María Sanchez Laso, quien había llegado a la jefatura de Redacción luego de ser responsable de Negocios. En marzo de 2002 fue designado Darío D’Atri, un periodista proveniente del diario Clarín, aunque luego de un período breve, el diario volvió a quedar en manos de Sánchez Laso, esta vez como directora, hasta diciembre de 2006.
En este tiempo comenzaron a funcionar muchos de los suplementos y secciones actuales, como Management, IT Business, y las revistas Clase Ejecutiva y RPM. Además de remozar el Anuario y de editar la guía empresaria Quién es Quién.
Nuevo destino
Un cambio accionario de Recoletos en España forzó al grupo a desprenderse de sus activos en el exterior. Así, en septiembre de 2006, El Cronista Comercial se incorporó al Grupo de Narváez (GdN), holding que bajo el liderazgo de Francisco de Narváez controla entre otras compañías La Rural S.A., Rapsodia y Citrícola Ayuí, y participa en el Multimedios América, compuesto por el canal de televisión América, la señal de cable América 24 y las emisoras de radio La Red (AM) y Millenium (FM). Con el nuevo accionista, llegó a la dirección el periodista Guillermo Kohan, quien se abocó a potenciar la información financiera y política, para complementar el sólido reconocimiento alcanzado en la crónica económica y de negocios.