El accidente de tránsito no sólo produce secuelas físicas en las víctimas, sino también serios trastornos psicológicos consecuencia natural de la experiencia traumática vivida. Por pequeño que sea, lo que siempre aparece en los protagonistas es el temor de que vuelva a suceder.
Los problemas surgen tras un cuadro traumático, en el que aparecen síntomas que siguen a la exposición de un acontecimiento estresante, donde el sujeto se ve involucrado en hechos que representan un peligro real para su vida o cualquier amenaza para su integridad psicofísica.
Idéntica situación se produce cuando se es testigo de un siniestro que ocasiona la muerte o heridas de otras personas.
El temor, la desesperanza y el horro se convierten en síntomas típicos en estos cuadros y tratándose de niños puede darse además un comportamiento desestructurado o agitado.
Algunos especialistas sostienen que "luego del trauma, el sujeto puede presentar el fenómeno de la reexperimentación, volver a experimentar la situación traumática, con todos los sentidos, tal como si la estuviera viviendo; la persona se comporta como si estuviera en el momento del acontecimiento".
Una investigación realizado por la Federación Europea de Víctimas de Accidentes de Tránsito, sobre diez mil accidentados encuestados, dio por resultado que en la gran mayoría las secuelas psicológicas pueden ser sorprendentemente variadas: problemas para dormir, dolores de cabeza, pesadillas angustiantes, stress, falta de interés, pérdida de confianza en sí mismo, ataques de ansiedad, depresión, fobias, trastornos alimenticios, ira, resentimiento y sentimientos suicidas. El mismo trabajo indica que luego de muchos años de ocurrido el accidente, el 25 por ciento de las víctimas se ve a sí mismo como suicida potencial.
Estas alteraciones pueden aparecer hasta pasados 6 meses del accidente y el tratamiento que se indica suele ser una terapia cognitivo-conductual, por la brevedad y rapidez de la misma.
Estos son algunos de los datos destacados recogidos en esa investigación:
4 Entre el 80% y el 90% de las víctimas no fueron informadas de sus derechos legales.
4 En la misma proporción no fueron informadas de la existencia de organizaciones de ayuda.
4 El 90% de los familiares de muertos considera que no se ha hecho justicia criminal.
4 Entre el 60% al 75% consideran que los cargos hechos en contra de los ofensores no han sido justos.
4 Cerca del 80% no se han quedado satisfechos con las indemnizaciones por daños y perjuicios ofrecidos por las compañías de seguros.
4 La misma proporción considera que la corte no ha hecho justicia financiera.
4 La mayoría de las víctimas consideran que, en casos serios, es útil contratar a un abogado desde el principio.
4 A pesar de que las víctimas no quedaron satisfechas con las indemnizaciones ofrecidas por las compañías seguros, un tercio de ellas no fueron a la corte porque consideraron que la ley no está a su favor, un tercio por el stress y otro tercio por el costo económico del reclamo legal.
Cuando el accidente deja secuelas físicas importantes las consecuencias psicológicas también lo son, sobre todo cuando éstas alteran la cotidianeidad a lo largo del tiempo y provocan una incapacidad física que se traduce, por ejemplo, en una incapacidad laboral o para atender a su familia.
El entorno familiar también se ve alterado, circunstancia pocas veces tomada en cuenta, los padres de chicos accidentados por lo general desarrollan un sentimiento de culpa.
Muchas veces los damnificados se ven imposibilitados para poder subir a un automóvil o viajar en transportes públicos, llegando en casos extremos a no querer salir a la calle.
Es importante acceder a una rápida contención psicológica; informes internacionales explican que este tipo de atención primaria tiene que ser inmediata para ser efectiva.
*Dr. Claudio Geller
Estudio Geller & Asoc. cgeller@estudiogeller.com.ar