Ciento sesenta centímetros y 59 kg conforman la humanidad del pequeño gigante que le dio una alegría mayúscula al planeta River. Fue el goleador del equipo pero, además, el tipo que debió ganarse un lugar en medio de un montón de figuras que, primero se resistieron, y luego advirtieron que era a partir de su movilidad, de los espacios creados, de su valentía ante la adversidad física, que River podía dar vuelta una historia de dolor.
La alegría de ayer, claro, se potenció con la derrota de Boca ante el “Flu (“alegría nao ten fin , reza la camiseta del festejo). El equipo de Simeone se consagró campeón justo un mes después de recibir una de las mayores humillaciones de
la que el recuerdo sea capaz de tolerar. Aquella eliminación a manos de Ramón Díaz y su San Lorenzo no querido.
Nadie, ni siquiera Aguilar, alias “River es Aruba , imaginó este final de semestre que, no “borrará la compleja realidad del club, pero calmará las aguas. River festeja el título en buena ley, con la ayuda de los inconvenientes futbolísticos y de organización de Estudiantes, San Lorenzo y Boca. Pero nadie más que “el grupo fue capaz de ponerse de pie de la peor de todas las adversidades: que su propio “pueblo los condenara al ostracismo. Y eso, obviamente, no tiene precio.