Ayer no se puso el frac, optó por el overol. Decidió jugar su partido y olvidarse del entorno, del palco de Maradona, y del que dirán. Lejos de pensar en el “Topo Gigio o en alguna otra cuestión marketinera, lo suyo fue pura concentración para poner manos a la obra. Y a la hora del reparto de roles, no eligió el de héroe, que se lo dejó al chileno Medel, ni fue el salvador, papel que cumplió a la perfección el juvenil arquero García. Él, simplemente, fue el titiritero de la gran función que se vio en la Bombonera y, casi desde fuera de escena, cumplió una destacada actuación en eso de manejar a las notables marionetas de ocasión (Méndez, Giménez, Monzón, Gaitán). Vos acá, vos más allá. Mordé y pasámela, que yo entretengo la pelota. A ver ustedes, los de la popu, alienten, vamos... Tranquilo Baldassi, así vamos bien... Bueno, ‘Muñeco’, lo siento, esta vez nos tocó a nosotros. Dirigió a propios y extraños. Se mantuvo alejado de los reflectores pero, igualmente, no pudo evitar brillar, aun en las sombras.

Fue otra gran tarde de Juan Román Riquelme. Distinta, es cierto. Con más sacrifico en pos de lo colectivo y menos lucimiento en lo personal. Una tarea ideal para desarrollar, por ejemplo, en la Selección. ¿No es cierto, Diego?