Las fuerzas de la dinámica del ciclo económico iniciado en 2003 se extendieron al 2004. Al respecto, la economía continuó beneficiándose de muy bajas tasas de interés; un tipo de cambio competitivo determinó un importante superávit comercial; se consolidó la disciplina fiscal; los excedentes de la capacidad instalada en el sector real fueron disminuyendo; la capacidad prestable en el sector financiero determinó un crecimiento del crédito limitado a la prudencia de la inversión y a la recuperación del consumo. Bajo tales circunstancias el crecimiento real de PIB en el 2004 se acercó al 8%, en tanto, que la inflación no superó el 6% acorde con el reacomodamiento de los precios relativos (salarios y márgenes de comercialización).

En el marco de una economía que crece en forma sostenida de la mano del consumo y de las exportaciones, el comercio tuvo menos trabas para la recomposición de los márgenes de rentabilidad que se perdieron a partir de 1998. También es de señalar en 2004 la importante recuperación de las importaciones por los mayores niveles de inversión productiva y del consumo. Si bien la tasa global de desempleo permaneció en niveles elevados, el mayor nivel de actividad económica estimuló una mayor ocupación y también una mejora de los salarios que había estado ausente en los últimos años.

El sector externo continuó mostrando un buen excedente de cuenta corriente (refleja el ahorro interno) explicado por el abultado superávit de mercancías de la mano de un escenario internacional favorable para nuestras exportaciones. No obstante el superávit registrado en el 2004 es menor al registrado en 2003 ya que la demanda excedente interna fue mas dinámica que la demanda adicional externa.

De la descomposición de la actividad económica por sectores se desprende que la recuperación estuvo ampliamente difundida. Los sectores ligados a la sustitución de importaciones y las industrias manufactureras cobraron vigor como respuesta a la recuperación de Brasil. La construcción –a pesar de la casi inexistencia del crédito a mediano –largo plazo–, tuvo su reactivación y el sector agroexportador, luego de los exultantes precios alcanzados en el primer trimestre del año, se consolidó con una demanda externa estable con precios mas razonables. Los servicios, en tanto, se vieron favorecidos por la recuperación del consumo.

La utilización global de la capacidad industrial total instalada, que se encontraba hacia fines de 2003 en 68%, es en la actualidad de 75%. Algunos sectores como industrias metalúrgicas básicas y productos químicos se encuentran con utilización plena de su capacidad, con lo que es de esperar una interesante corriente inversora.

Durante el 2004, la recuperación económica generó una expansión del empleo del 2,2% (caída del desempleo) con una creación de 700 mil puestos de trabajo.

Para el 2005 es de estimar la continuidad del ciclo favorable de los negocios y del crecimiento de la economía nacional, aunque con algunos contratiempos y escollos. Existen factores exógenos al ciclo económico que conviene vigilar.

En cuanto a las incertidumbres de orden local, el proceso de reestructuración de la deuda pública externa se presenta como un principal determinante toda vez que la sustentabilidad fiscal para la estabilidad económica depende en forma crucial de los resultados de la aceptación mayoritaria del canje de la deuda. Aun en la confianza de una aceptación mayoritaria de la propuesta argentina, nuestro país permanecería deudor por alrededor de u$s 133.000 millones (85% del PIB) (al 31-12-2003 el endeudamiento era de u$s 178.821 millones = al 139% del PIB), por lo que aun mejorando notablemente el perfil de vencimientos, la carga de la deuda externa será significativa, debiendo reservar un 3% de su PIB para su respectivo servicio anual.

Por otra parte, la presión de aumentos salariales y de las tarifas de servicios públicos no convalidados con la emisión monetaria (que sería inflacionario) determinaría un alza de la tasa de interés doméstica cuyo valor sería superior a la variación de los precios. Efecto similar tendría la cancelación de los títulos públicos de la deuda no reestructurada (Boden) en parte con nuevas emisiones.

Atento el aumento de la tasa de interés, es probable una disminución del nivel de crecimiento. Esta desaceleración sería atenuada por una mayor inversión pública en infraestructura social. A su vez, en el incremento inercial de las importaciones, los intereses y los servicios de la deuda externa, las utilidades transferidas de empresas extranjeras determinarán un posible desequilibrio (déficit) de la cuenta corriente del balance de pagos (el primero desde el 2001) con la pérdida neta de reservas. En cuanto a los factores exógenos, el inevitable ajuste del balance de cuenta corriente de EE.UU. (déficit actual 5% del PIB) que se ha manifestado en estos últimos meses en una caída del valor del dólar estadounidense, determinará en el 2005 un ajuste alcista de la tasa de interés (se prevé que del 2% actual alcanzaría al 4% hacia fines del 2005) que seguramente afectará el nivel de actividad económica internacional.

La conjunción de todos estos factores hace resumir la continuidad de la actual política económica con su sesgo de prudencia, serenidad y análisis continuo.