Los fabricantes de aceites y harinas vegetales volvieron a encender señales de alarma ante la posibilidad de que la producción de soja local no alcance para abastecer a las industrias en expansión. En el centro de su preocupación está el actual régimen de retenciones, que hace que la oleaginosa importada desde los países limítrofes termine pagando una retención de hasta 10 dólares una vez que es procesada y enviada al exterior.
El polo oleaginoso que va desde el norte bonaerense hasta la ciudad de Santa Fe es uno de los más importantes de su tipo y en poco tiempo se convertirá en el de mayor capacidad de procesamiento del planeta. Cerca de 20 plantas trituran por día unas 105.000 toneladas de soja que convierten en aceite y harina que se destina casi en su totalidad a los mercados externos. Varias empresas viene realizando inversiones que permitirán el sector manipular hasta 160.000 toneladas diarias a mediados del 2007.
Sin embargo, en el sector vienen anticipando que podría producirse un cuello de botella por el lado del abastecimiento. Si las industrias comienzan a trabajar al máximo de su capacidad desde el próximo año, necesitarán cerca de 50 millones de toneladas de soja anuales para triturar, un volumen que la Argentina no está todavía en condiciones de producir.
Por eso, las industrias anticipan que la salida a este problema estaría en la posibilidad de importar materia prima desde países como Paraguay, Bolivia e incluso Brasil. Pero este escenario hoy por hoy no resulta viable debido a que el esquema impositivo local termina haciendo poco rentable el procesamiento de la soja ajena. “Hoy algunas empresas traen cargamentos desde los países vecinos, pero al momento de exportar terminan pagando de 8 a 10 dólares por tonelada casi el doble de lo que cuesta el crushing , aseguró Rogelio Pontón, economista de la Bolsa de Comercio de Rosario.
En el caso del aceite, la retención se aplica sobre un producto con valor muy superior al del poroto por lo que el impuesto siempre es positivo. En cambio, la harina vale menos que la soja sin procesar y termina sin pagar el derecho de exportación. Sin embargo, ambos procesos son tomados como uno solo a los efectos impositivos y no se permite la compensación que haría bajar las retenciones que paga por el valor agregado que es positivo para el caso del aceite y negativo para las harinas.
“El problema es que acá tenemos un insumo y dos productos. Y se aplica una fórmula del régimen de admisión temporaria que data de 1996, cuando no existían los derechos de exportación , explicó Alberto Rodríguez, director ejecutivo de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara).
Más valor agregado
Las industrias procesadoras vienen pidiendo al Gobierno desde hace por lo menos un año que se modifique el esquema impositivo de importación temporaria para la soja de manera que se pueda terminar exportando la producción de los países vecinos con mayor valor agregado.
Los principales mercados de abastecimiento alternativo serían Paraguay, que cuenta con una cosecha anual de 4 millones de toneladas y Bolivia, con cerca de 2 millones más. Pero en el largo plazo los ojos de la industria están puestos en los estados brasileños de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul: ambos suman una de las producciones más grandes del mundo pero pagan fletes muy caros para salir por los puertos de su país en el Atlántico y tendrían una buena opción a través del Paraná.
Desde el Gobierno reconocen que están analizando el pedido de la industria para que se fije una nueva fórmula impositiva.
El tema está en manos del Ministerio de Economía y de la AFIP, que analiza las implicancias económicas y legales, ya que incluso sería necesario modificar el Código Aduanero que establece que los productos que surgen de la elaboración de una materia prima deben ser considerados como uno sólo a los efectos impositivos, como ocurre con la harina y el aceite de soja. Además, falta establecer el mecanismo para controlar el uso final de todo el producto importado.