Faltan 45 días para que comience la cita mundialista. Es tiempo de ansiedades para los jugadores que aún no tienen la certeza de su presencia en Sudáfrica, tanto como para los entrenadores que tienen que ir afinando el lápiz para escribir la lista definitiva. En Johannesburgo y en Ciudad del Cabo ultiman detalles organizativos y los hinchas, de distintas latitudes, cuentan monedas y miden riesgos para tomar la decisión de emprender o no el viaje que la pasión los impulsa a realizar. Pareciera ser que la cuenta regresiva hace aumentar la adrenalina de todo el “Planeta-Fútbol , con una excepción: la FIFA.
Es que, si algo faltaba para confirmar que a Joseph Blatter y sus secuaces de la entidad madre del fútbol mundial, les da más placer el negocio que la competencia, y que priorizan el deber del compromiso a la ética de la justa distribución, el suizo declaró este sábado que “el mundo árabe merece un Mundial y Qatar tiene una buena posibilidad de convertirse en el primer país de la región en albergar uno . Sus declaraciones, claro, fueron realizadas en la capital qatarí y bien se sabe que la demagogia es la primera bolilla de la diplomacia que estudian los aspirantes a “popes del manejo dirigencial. Ahora, ¿de qué méritos habrá hablado? ¿Tomando en cuenta qué parámetros se hace semejarse afirmación, tan lejos del sentido común? Quizás se haya acordado de los petrodólares, “merecedores de una carrera de F-1, de varios torneos de tenis y de golf, y otras tantas actividades que están volcando el mapamundi deportivo hacia tan conflictiva región del mundo.
Así las cosas, no habría que extrañarse si el próximo 2 de diciembre, al margen de la sede de 2018 por la que pugnan en conjunto España y Portugal contra la poderosa Inglaterra, la FIFA determina que el Mundial de 2022 llegue a Qatar. Se dirá, entonces, que el fútbol es amplio y democrático. Y algunos sonreirán.