El 29 de abril, Louis Schweitzer pondrá punto final a trece años al volante de Renault. Cederá su puesto a Carlos Ghosn, presidente de Nissan desde que la automotriz del rombo se alió con la empresa japonesa, en 1999. Y Shweitzer se irá por la puerta grande. Cuando llegó, en 1992, Renault era una empresa estatal con un beneficio de 865 millones de euros y mínima presencia fuera de Europa. Ahora, la compañía gala –en cuyo capital el Gobierno sólo tiene el 15%– es una de las más rentables de la industria automotriz, con una ganancia de 3.551 millones euros, en 2004, y posicionamiento global, por la alianza con Nissan.
En toda la conversación con Schweitzer –que seguirá ligado a Renault, como presidente del Consejo de Administración–, está presente la marca japonesa y el éxito de la alianza, la clave de toda su gestión. Especialmente, si se la compara con los problemas de la fusión entre Daimler-Benz y Chrysler y la reciente ruptura del acuerdo entre General Motors y Fiat.
El ejecutivo –nacido en 1942, en Ginebra– explica por qué funcionó: “En 1999, Nissan era una buena compañía, pero mal gestionada. Y siempre tuvimos claras dos cosas. Primero, respeto por los términos de la alianza. No hicimos nada que no anunciáramos, lo que nos permitió crear confianza entre Renault y Nissan. Segundo, cooperación entre ambas firmas. Nunca quisimos dar la sensación de que una empresa se comía a la otra .
En lugar de una fusión, Nissan y Renault optaron por sellar un intercambio de acciones y unir sus estructuras industriales y comerciales, manteniendo su independencia.
“Debemos desarrollar aún más nuestras sinergias en la compra de componentes y en el desarrollo de vehículos. Pero no cambiaremos el espíritu del acuerdo. Nunca nos fusionaremos. Eso significaría convertirse en uno y Renault y Nissan tienen dos personalidades distintas , sentencia Schweitzer.
Sobre su sucesor, Ghosn, el actual número uno de la marca del rombo sólo tiene palabras de elogio, más allá de que no descarte que, cuando asuma la dirección de Renault, el brasileño impulse algún cambio en la gestión.“La empresa está en una buena situación, pero siempre hay que evolucionar aprovechando las oportunidades de negocio que surjan. Ghosn tiene libertad para hacer lo que quiera .
Alzas y bajas
Sobre uno de los peligros de la industria, la guerra de precios entre las terminales, Schweitzer se muestra pesimista.
“Veo complicado que se pueda frenar esa agresividad comercial. Éste es un mercado muy competitivo y todos queremos mantener nuestra cuota. No es posible dejar de usar los incentivos para vender , sostiene.
A menos de dos meses de su dimisión, el presidente de Renault analiza sus 13 años al volante de la empresa: “Disfruté mucho cuando, en 1999, supe que Daimler renunciaba a Nissan, dejándonos como único candidato. También recuerdo con satisfacción cuando vi el primer monovolumen Scénic, porque nos jugábamos mucho .
Por el contrario, no duda en enumerar los tragos amargos. En tal sentido, menciona la ruptura con Volvo, en 1993, cuando ambas automotrices estuvieron a punto de fusionarse.
El otro mal momento fue en 1997, cuando Renault cerró su planta en Vilvoorde, Bélgica, lo que implicó la eliminación de 3.100 empleos.