Diez años después de que México diera torpemente los primeros pasos para convertirse en el primer mercado emergente con un tipo de cambio flotante, los beneficios están a la vista.

El 19 de diciembre de 1994 se anunció a un mercado sorprendido e indignado la decisión de ampliar las bandas cambiarias. Los inversores no estaban preparados para la noticia y no tenían idea de cual era la cantidad de deuda que el gobierno mexicano había acumulado, ni de hasta qué punto se había permitido que los bancos quedaran expuestos al dólar.

En el término de semanas la situación obligó a adoptar un régimen de tipo de cambio con flotación libre, lo que se describiría mejor hablando de una caída libre de la divisa mexicana con efectos catastróficos para la economía del país. Guillermo Ortiz, actual presidente del Banco de México, fue el ministro que tomó la decisión de permitir la flotación de la moneda. “No teníamos otra opción porque nos habíamos quedado sin reservas , admitió.

Las tasas de interés subieron más de 100%, las cesaciones de pagos se generalizaron y el sistema bancario colapsó. Más de la mitad de todos los préstamos fueron pasados a pérdida y quebraron 14 de los 18 bancos que operaban en aquel momento.

Una rápida mirada a los cuadros que reflejan la trayectoria del tipo de cambio, la inflación y la bolsa en los últimos años muestra que una década de régimen de libre flotación ha transformado las finanzas de México. El peso, que se depreció durante los años 90 para ayudar al sector exportador del país, alimentó una recuperación que también contó con la ayuda del Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte.

Con respecto a la actividad bursátil, tras tardar nueve años en recuperar sus niveles de 1994, el mercado de acciones de México ha pasado el 2004 en una fiesta.

La tasa de crecimiento sigue decepcionando, pero existen las bases para un crecimiento estable. Y la libre flotación ha sido un elemento esencial. “Aprendimos a lidiar con un tipo de cambio flexible y usamos las metas de inflación como ancla de la política monetaria. El ancla anterior era el tipo de cambio; cuando lo abandonamos, necesitamos algo que lo reemplazara , comentó Ortiz.

Uno de los cambios más evidentes es que los inversores extranjeros, especialmente los hedge funds, se concentran ahora en los fundamentals de la economía mexicana y los rendimientos que se ofrecen. Según Rogelio Ramírez de la O, un economista independiente de Ciudad de México, “por primera vez desde los años 70, los mercados tratan al peso como una moneda separada de la senda del dólar. Ven la política macroeconómica que ha seguido México, que es contra-cíclica con respecto a Estados Unidos, y esto les dice que las tasas de interés van a avanzar muy por delante de las estadounidenses .

Mientras tanto, las compañías mexicanas han aprovechado el tipo de cambio y, según los cálculos de JPMorgan, el año pasado compraron un total de 6.000 millones de dólares. Paradójicamente, esto puede haberle ahorrado al banco central una decisión difícil, ya que es fácil imaginar que sin una compra privada de dólares de esa magnitud el peso podría haber caído a niveles más bajos.

La libre flotación del peso puede ayudar a explicar otra paradoja: el auge de la bolsa mexicana, logrado sin el beneficio de un boom económico. Se espera que el PIB de México crezca un poco más de 4% en 2004, pero las ganancias se han más que duplicado. Ramírez de la O sugiere que “esta es la primera recesión real del sector privado que no está relacionada con una crisis. No se podía devaluar la moneda, de modo que las compañías se vieron obligadas a hacer más . En otros tiempos, con las devaluaciones y la inflación endémica era fácil salir adelante con aumentos de precios y grandes márgenes, pero, sin estos atajos el sector privado mexicano está obligado a ser notablemente más rentable.