Si el fútbol de estos tiempos tuviera que ajustarse a aquella máxima de “Cada maestrito con su librito , no cabe duda que los dos textos más peticionados de la imaginaria biblioteca serían los tratados de los profesores Josep Guardiola y José Mourinho. Antagónicos por donde se los vea, Pep y Mou, han logrado escribir sobre el éxito, con éxito. Uno y otro consiguieron llevar adelante recetas ganadoras, con ingredientes similares, pero procesos de elaboración completamente distintos. Ahora, si lo que se pretende es compararlos -uno de los deportes favoritos de los críticos- vale traer a escena un refrán sobre el que, paradójicamente se ha escrito mucho: “Sobre gustos no hay nada escrito .
Guardiola armó un Barcelona extraordinario, con neta mentalidad ofensiva y dejando muy claro que su estrategia se basa en la dinámica de un grupo de cracks (Xavi, Iniesta, Ibrahimovic) que no se ensombrecen por permitir el lucimiento del alumno más aventajado: Messi. El Inter de Mourinho, en cambio, gira en torno a sí mismo. Con jugadores “descartados de otros grandes de Europa (Samuel, Cambiasso y Sneijder, de Real Madrid; Eto‘o y Thiago Motta, de Barcelona), el portugués traza estrategias -por demás efectivas- a partir de resguardar su propia meta.
Ahora bien, la pregunta que nos interesa es: ¿los lineamientos de qué escuela sigue el técnico de la Selección, Diego Maradona? Si bien es cierto que, en términos relativos, es un entrenador “nuevito con apenas una veintena de partidos sobre sus espaldas, en los hechos, y en los dichos, las contradicciones y la carencia de una línea definida más lo identifican con un “librepensador , categoría en la que también supo encuadrarse en su época de jugador, alejándose de moldes conocidos.
Claro que los “librepensadores también deben rendir exámenes de rendimiento. Y el primero serio, de Maradona, recién está por venir.