Durante un par de minutos, el salón de La Rural, donde se llevó a cabo el Segundo Foro de RRHH, se mantuvo en penumbras. Y los asistentes, con un antifaz en los ojos, no pudieron valerse de la vista para saber lo que estaba pasando. Pero, al afinar el oído, escucharon dos audios inconfundibles: el relato del inolvidable gol de Maradona a los ingleses, en la voz de Víctor Hugo Morales, y el relato de otro gol, con el sonido de cascabel de la pelota, y las voces de jugadores gritando “voy! , durante un partido de los Murciélagos, el seleccionado nacional de fútbol no vidente.

Pero, ¿cómo se puede meter un gol sin ver el arco ni a los jugadores? Lo que parecía una utopía, o el sueño de un loco, se transformó en un deporte competitivo: el fútbol para ciegos. Y el seleccionado de los Murciélagos ostenta una increíble trayectoria con un título mundial y dos como subcampeón del mundo. Los artífices de este “milagro a puro corazón y sentimiento son Enrique Nardone, profesor de Educación Física y director Técnico (DT) del grupo, y el equipo de jugadores que combina a personas no videntes y videntes (los arqueros y un guía que se coloca detrás del arco contrario).

El deporte es una modalidad adaptada del fútbol de salón. Se juega en cancha de cinco con piso de cemento o mosaico, con barreras en los laterales. Cuatro de los jugadores son ciegos. Por su parte, el arquero cumple las funciones de atajar y guiar a los defensores. Los delanteros, a su vez, se guían por la voz del compañero ubicado detrás del arco contrario.

“Se trata de un juego de mucha comunicación", definió Nardone durante su exposición. Lo acompañó Oscar “El Muro Moreno, defensor, quien se ganó el mote por su efectividad para bloquear a los atacantes contrarios.

Ambos compartieron algunos secretos con los más de 200 asistentes de su trabajo deportivo, que bien pueden aplicarse al ámbito corporativo. “Para alcanzar el éxito hay que cambiar creencias, barreras mentales y prejuicios que tenemos todos , señaló el DT. Y regaló al auditorio sus tres claves del éxito (o regla de las tres C): cabeza, corazón y coraje. Los inicios de este deporte en el país se remontan a la década del 80, cuando en algunas instituciones para no videntes se practicaba un juego con una pelota con chapitas de gaseosa en su interior. El ruido orientaba a los jugadores, pero muchos de ellos quedaban con marcas en la cara y las piernas. En 1991, se jugó el primer campeonato panamericano, certámen que ganó el seleccionado brasileño.

Dejando de lado las rivalidades históricas, Nardone -que por entonces ya era el entrenador del equipo argentino, se juntó con su par del equipo verdeamarelho y decidieron armar un reglamento en el que los brasileños aportaron el desarrollo de la pelota, los argentinos, el uso de antifaces (dado que juegan desde disminuídos visuales que perciben bultos y formas hasta ciegos totales), y los españoles, el uso de vallas de contención en los laterales de la cancha.

Empeño, más que habilidad

“Por más que no veas lo que pasa a tu alrededor, lo percibís , contó el defensor argentino, quien, producto de una enfermedad degenerativa, perdió la visión a los 18 años. “Al principio, me deprimí mucho, no quería salir a ningún lado , contó. “Pero empecé a ver que no sólo sufría yo, sino que estaba haciendo sufrir mucho a mi familia. Así que me puse a estudiar. Fui a aprender Braile, y después empecé a averiguar por deportes que pudiera realizar. Así conocí a Enrique, que era entrenador en el Cenard (Centro Deportivo de Alto Rendimiento).

Cuando Nardone lo vio jugar, se dio cuenta de que al Muro no le sobraba habilidad, pero sí empeño. Y así, a fuerza de entrenarse no sólo físicamente sino también mentalmente, hoy es uno de los baluartes del equipo, y ha defendido la camiseta argentina en numerosos campeonatos en el país y en el exterior.

Durante la exposición, no faltó la referencia a la gestión. Una incógnita del público se centró en cómo los jugadores hacen para “medir a sus contrincantes sin verlos. El Muro, con un dejo de humor, contestó: “Antes del partido, vamos y les damos un abrazo. Ahí nos damos cuenta qué contextura física tienen y nos hacemos una idea de cómo va a venir su nivel de juego: si son flaquitos y rápidos, o pesados y difíciles de pasar . Tras su presentación en el foro de RRHH, entrenador y jugador se fueron aplaudidos con todo el entusiasmo que genera su ejemplo de superación en el deporte y en la vida.