Richard Sylla enseña historia financiera en la Stern School of Business de la New York University (NYU) desde 1990. Sylla cree que algunas de las ideas que lanzó Obama son buenas pero aclara que lo verdaderamente importante es asegurar que los bancos tengan el capital necesario para pertrecharse cuando llegue la tormenta.
–¿Cuáles pueden ser las consecuencias de esta suerte de re-edición de Glass-Steagall, la norma de los 30 que separó la banca de inversión de la comercial?
–Si bien no hubo detalles, las declaraciones del presidente Obama me dieron la impresión de representar uno o varios pasos atrás en dirección a Glass-Steagall, pero no hablaría de un revival total de la famosa acta del Congreso de 1933. Por ejemplo, Obama dio a entender que un banco comercial podrá tener una casa de bolsa siempre y cuando se opere principal o totalmente con el público y no se maneje un fondo de cobertura interno, un fondo de private equity o se utilice dinero del banco para las operaciones. Glass-Steagall sencillamente no hubiera permitido que convivan las actividades de un banco comercial y un broker bursátil. Me parece que esta nueva “regla Volcker , un término que utilizó el presidente, es una buena idea. Evitará que los grandes bancos comerciales, que se benefician de la red de seguridad pública que supone el seguro de depósitos, abusen de esa ventaja interviniendo en operaciones riesgosas que benefician sólo a los accionistas y a los ejecutivos si salen bien pero que crean grandes peligros para el sistema financiero y los contribuyentes cuando no salen como se esperaba. Eso es precisamente lo que descubrimos que podía pasar durante esta última crisis financiera.
–¿Era ésta la mejor manera de lidiar con los bancos “demasiado grandes para caer ?
–Bueno, la otra parte del discurso del presidente giró en torno de la idea de reglas que limiten el tamaño de las instituciones financieras, algo similar a una norma ya existente según la cual ningún banco puede concentrar más del 10% de los depósitos del país. Esto también podría llegar a ser una buena idea, pero no es la solución al problema de los bancos “demasiado grandes para caer . Muchas crisis financieras en la historia derivaron en la quiebra de alguna o varias firmas prominentes, pero no siempre se trató de las más grandes. El problema es que cuando una institución cae genera dudas respecto de la solvencia de las demás, y el contagio se da tanto a nivel de corridas bancarias, como desplome bursátil y derrumbes cambiarios. Limitar el tamaño de las compañías es menos efectivo que asegurarse de que tengan un nivel de capital adecuado y que restringir las actividades de riesgo en las cuales pueden participar con el dinero de la gente.
–¿Hay que leer este anuncio como una medida con la que Obama busca ante todo recuperar popularidad?
–Sin ninguna duda! Para él, es un buen tema para marcar posición en un momento en que el público americano está furioso con los banqueros. Dado ese enojo, hay pocas probabilidades de que los republicanos, que por lo general se oponen a cualquier iniciativa de Obama y los demócratas salgan a disparar en su contra, e incluso podrían llegar a ver las ventajas políticas de cooperar con el presidente.