La recurrencia de crisis y su persistencia en el tiempo hace pensar cada vez más en desajustes fundamentales operando sobre la economía internacional. Las causas de las mismas nunca terminan de esclarecerse completamente. La excesiva liquidez, los paraísos fiscales, las innovaciones financieras o los capitales especulativos son algunos de los factores señalados por una profusa literatura sobre el tema. La falta de regulaciones precautorias y mecanismos de intervención a escala global agudizan el problema.
Estas crisis son, en principio, eventos repentinos de reapreciación de activos. Los precios de los activos se comportan, bajo ciertas condiciones de liquidez y de expectativas, racionalmente. Cuando estas condiciones se modifican drásticamente, ya sea por reducción en la liquidez o por cambio en las expectativas, los precios tienden a desplomarse irracionalmente. Esta caída ocurre al menos hasta encontrar un nuevo sendero. La transición entre ambos estados está plagada de incertidumbre. La incertidumbre es en cierta medida como la oscuridad. En éste oscuro túnel es donde la economía internacional se encuentra inmersa en este momento. Sin embargo, aunque la distancia a la salida no es todavía del todo clara, existen algunas señales que pueden iluminar un poco más la situación.
n Primero, la coordinación entre países desarrollados de sus políticas de intervención en los sistemas bancarios hace más creíble la inyección de liquidez y disipa las amenazas de contagio. Las primeras respuestas selectivas o los intentos de diferenciación no funcionaron agravando el escepticismo inicial. La recuperación de la confianza dista de ser instantánea, pero una respuesta en conjunto siempre resultará más efectiva que los intentos individuales.
n Segundo, en la medida que la elección presidencial americana entra en etapa de definiciones, será más claro el mecanismo de financiamiento de los paquetes de rescate anunciados por ese país. Esta cuestión es esencial para conocer el impacto de los mismos sobre el consumo, el ahorro y la inversión presentes y futuros en las principales economías del mundo. La credibilidad del rescate dependerá no sólo de la eficiencia en la reestructuración de entidades, sino también de la sostenibilidad de los costos fiscales.
n Tercero, las economías de los países latinoamericanos han estado mejor pertrechadas para enfrentar las adversidades presentes. La acumulación de superávits fiscales y de reservas internacionales facilita, al menos en el inicio, la absorción de los shocks al postergar ajustes. Estas políticas precautorias han sido acompañadas por la adopción de tipos de cambios flotantes que permiten encarar con mayor comodidad las nuevas circunstancias. Poco pueden hacer los países aislados individualmente frente a riesgos de tamaña magnitud. Las estrategias de diferenciación intentando marcar fortalezas dejan de ser efectivas. Las regiones también deben encontrar mecanismos de cooperación que permitan disminuir el impacto de los costos sociales asociados a las pérdidas de crecimiento y empleo. Los países de Sudamérica debieran confluir a través del Mercosur, la Comunidad Andina de Naciones y la Unasur en un esfuerzo único por coordinar sus políticas macroeconómicas a fin de evitar un mayor deterioro de las condiciones sociales.