El abrazo en el que se fundieron la presidenta Cristina Kirchner y la flamante ministra de Seguridad, Nilda Garré, fue tan sólo una muestra del respaldo y la confianza política con la que encarará la funcionaria su gestión en un área sensible, mucha más en un año que estará signado por la campaña electoral, en el que el Gobierno buscará revalidar un período más al frente del Ejecutivo nacional.
En términos políticos, el gran perdedor que dejó estos movimientos en el elenco ministerial fue el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. El funcionario tuvo, hasta ahora, el manejo de la política de seguridad y una llegada directa a las cúpulas de las fuerzas federales. “Aníbal sintió el cimbronazo , repitió a este diario un funcionario importante de la Casa Rosada. Esto, aclaró, no significa que se vaya del gabinete, pero sí que “perdió terreno . Fernández comenzó a sentir que perdía espacios desde que ocurrió el caso del militante Mariano Ferreyra.
Al ministro de Justicia, Julio Alak (bajo su órbita funcionó Seguridad hasta ayer), lo culpaban por lo bajo por dejarlo a Fernández seguir metiéndose en el área y no tomar las decisiones.
Por eso Garré llega con otra impronta, y así se lo hizo saber a sus colaboradores cuando les contó que impulsará varios cambios dentro de las fuerzas.
La funcionaria no sólo nombrará civiles, modificará estructuras sino que también impulsará cursos de capacitación con un fuerte contenido político vinculado a los derechos humanos para los efectivos.
“No va a dejar de meterse donde se tenga que meter. Si no no hubiese asumido y eso la Presidenta lo sabe , dijo tajante un dirigente que conoce muy bien a la funcionaria.
Es sabido que la relación entre Garré y Aníbal es pésima. “No se va a relacionar , adelantó un allegado a la funcionaria cuando se refirió a cómo se vinculará Nilda con el jefe de Gabinete, más allá de las cuestiones protocolares y formales del día a día del gabinete.