La Unión Cívica Radical (UCR) parecería estar siguiendo al pie de la letra el lema generado por sus fundadores: “que se rompa pero que no se doble . Más allá del juego de palabras e interpretaciones posibles sobre este lema, lo cierto es que la UCR está atravesando una de sus peores crisis históricas. Más de 3.000 miembros del partido se reunieron el sábado 13 de agosto en Vicente López, donde ratificaron su intención de sumarse a la concertación convocada por el gobierno nacional y lanzaron la línea interna ‘Movimiento Federal Radical’.
Este sector está conformado por gobernadores (Mendoza, Santiago del Estero, Corrientes, Río Negro, Catamarca) y por más de 180 intendentes. A los que hay que sumar legisladores nacionales, provinciales y concejales. Este es el espacio de la UCR que detenta poder y que tiene responsabilidades de gobierno.
El otro espacio es el liderado por Raúl Alfonsín y Roberto Iglesias, titular nacional del partido. Este sector prácticamente no tiene cargos ejecutivos de gobierno y ansía presentar a Roberto Lavagna, un peronista y hasta hace poco kirchnerista, como su candidato para las elecciones del 2007. El 25 de agosto se llevará a cabo la convención nacional partidaria y allí se verá cuál será el futuro del partido.
La discusión parecería estar centrada en ver qué sector es más radical, si los que aceptan la invitación del Gobierno a la concertación o los que buscan postular a Lavagna como candidato. El radical Daniel Katz, intendente de Mar del Plata, graficó la situación que vive su partido: “Los radicales estamos en un momento muy difícil. A tal punto que hablamos de candidatos, pero ninguno es radical, y ni siquiera ha dicho que es candidato (La Nación, 15 de agosto de 2006).
El partido de Alem e Irigoyen se encuentra en una crisis que se remonta a la salida anticipada de Fernando de la Rúa del poder y que hizo eclosión en las elecciones presidenciales del 2003 donde su candidato, Leopoldo Moreau, no logró superar el 2,34%. Si bien sigue siendo la oposición más importante a nivel nacional, pierde cada vez más espacios a manos de ex miembros del partido como Elisa Carrió o Ricardo López Murphy (muchos de los votos radicales tradicionales en el 2003 fueron para ellos) o del oficialismo, que le ha sacado varias de sus banderas. El histórico partido representante de las clases medias argentinas ha perdido a gran parte de su electorado, ya que el kirchnerismo se ha consolidado fuertemente en los niveles socioeconómicos medios y bajos.
Pero hubo un sector del partido que sobrevivió a la crisis y se consolidó, que es el que se manifestó en Vicente López. Sus miembros han ganado elecciones -el caso de Zamora en Santiago del Estero es paradigmático, ya que ganó en una provincia históricamente peronista- y tienen buena imagen en la opinión pública. Estos tienen responsabilidades de gobierno y tienen que responder a las demandas de sus representados. Este sector parecería estar más cerca de Kirchner que de Alfonsín y aceptaría ser parte de la concertación sin perder su identidad partidaria. A tal punto, de que se habla de un vicepresidente radical para la fórmula peronista del 2007.
El otro espacio del partido, el encabezado por Alfonsín e Iglesias, quiere que Lavagna sea su candidato. ¿Pero será el candidato del partido unificado, o sólo el de un sector del mismo? Si así fuese, y parece ser la alternativa más probable, no sería una oferta muy interesante para el ex ministro de Economía, ya que el sector que detenta el poder territorial no suscribiría su candidatura. Y en las elecciones el poder territorial es muy importante.
La crisis de los partidos políticos es generalizada y la UCR no se salva de dicha situación ya que sólo el 7% de los argentinos (encuesta de Ipsos- Mora y Araujo, 1.200 casos a nivel nacional, julio 2006) confía en la UCR. Hay que destacar que el 49% no confía en ningún partido. A esto hay que sumar que la oposición está fragmentada y no encuentra un discurso atractivo ante un Gobierno que tiene un 80% de apoyo en la opinión pública y con una economía creciendo al 8% anual.
No es la primera vez que el partido entra en crisis, de hecho la UCR nace como una disidencia de la originaria Unión Cívica y durante el siglo XX también ha habido divisiones internas importantes. Pero hoy la gente no confía en los partidos políticos y le presta poca atención a sus crisis. Los electores votan a quien pueda responder a sus problemas diarios y no por ideología partidaria. Este es el contexto que debe enfrentar la UCR del futuro.