La cultura japonesa está teñida de una filosofía distintiva que es admirada cada vez más por el mundo occidental y encuentra adeptos a su lógica de pensamiento y a su visión de la realidad.
Hiroshi Hara –arquitecto reconocido por ser el autor del novedoso estadio sede del mundial de fútbol Corea-Japón, el Sapporo Dome– responde a una concepción particular y revolucionaria de la arquitectura y la plasma en todas sus obras.
Una de sus primeras y más importantes edificaciones fue el Umeda Sky, en Osaka, que data de 1993 y se destaca por ser un rascacielos espejado de 40 pisos conformado por dos torres unidas por una plataforma que se ubica a 150 metros del suelo. Toda su figura es impactante y contiene oficinas y un centro comercial con cines y sala de convenciones alojados en el piso 22 (donde está la plataforma).
Otra de sus obras destacadas es la estación de Kioto, donde se interrelacionan –en diferentes alturas– peatones, trenes y subtes a través de escalares mecánicas y pasarelas instaladas. En realidad, sólo el 10% de los más de 235.000 m2 que ocupa la construcción, está destinado a la estación ya que el espacio restante está cubierto de hoteles, oficinas y locales comerciales.
En todas sus construcciones, Hara impone su visión sobre la interconexión de las partes que hacen al todo, la innovación en cuanto a las formas y la tecnología, además de reflejar su idea sobre la necesidad de las personas de mantenerse, por momentos, separados del resto de la sociedad y hacer prevalecer su individualidad.