

Como toda empresa y medio de comunicación de la Argentina, El Cronista Comercial fue reflejo del país en el que se desarrolló. Así, este periódico vivió períodos de gloria, de fracasos, de anhelos y de decepciones. Recorrer la historia de un diario centenario es, entonces, repasar la historia del país que lo vio nacer y crecer, de los conflictos que sus páginas reflejaron, de los intereses de quienes lo sostuvieron y de los lectores que lo acogieron.
Pero, además, es recorrer la historia de quienes lo hicieron, de sus fundadores, de sus trabajadores y de los periodistas que volcaron sus crónicas, sus informes, sus ideas, sus investigaciones y su pasión en él. Es, evidentemente, una tarea demasiado compleja. Es por eso que las pocas líneas que siguen muestran tan sólo algunas sucesiones de hechos, significativos sí, pero muestras escasas de lo que pasó.
Los comienzos
La Institución Informativa La Comercial fue una de las principales compañías latinoamericanas que ofreció servicios de información crediticia para empresas y bancos entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. Fundada en 1892, durante más de cincuenta años, la compañía recogió, archivó y realizó informes sobre la situación contable de sus asociados e informó puntualmente sobre las quiebras que se producían en el mercado.
Sin embargo, la necesidad de profundizar ese canal de comunicación llevó a su titular, Antonio Martín Giménez, y a sus socios, Rafael Severino Perrotta, Luis Zambrini y Carlos Liberatore, a crear el periódico El Cronista Comercial. Así, se puso la piedra fundacional del pionero del periodismo de negocios de la Argentina.
Su primer director fue el propio Giménez. El lanzamiento se realizó el 1o de noviembre de 1908. El número inicial contó con cuatro prolijas páginas, cantidad que mantuvo durante muchos años, y se editó en formato sábana, normal para la época y que El Cronista Comercial mantuvo durante casi seis décadas.
Por entonces, el diario sirvió como canal de difusión de los informes que elaboraba la compañía madre. Aunque, fundamentalmente, actuó como nexo entre los diferentes protagonistas de la actividad comercial y empresaria de la Argentina. Desde ese lugar, retrató el quehacer cotidiano y el pensamiento de quienes eran, según sus editores, "las fuerzas vivas del país". Durante sus primeros ochenta años, El Cronista Comercial se distribuyó exclusivamente por suscripción a este privilegiado público.
Eran tiempos del presidente José Figueroa Alcorta, de las exportaciones agroganaderas -en la edición especial por su primer aniversario, El Cronista informó que el superávit comercial del semestre inicial de 1909 había sido del 40%- y de la inmigración (en la misma edición, se señalaba que habían ingresado 140.000 personas más de las que salieron del país en 1908).
El éxito de este tándem -servicios de información, más medio de comunicación- hizo que la empresa creciera rápidamente. Así, triplicó en poco tiempo su número de empleados. Aunque originalmente El Cronista Comercial fue poco más que un boletín de la actividad mercantil, por esos años ya era el medio mejor informado sobre la economía nacional. Informes sobre quiebras producidas, comunicaciones sobre la llegada al puerto de Buenos Aires de barcos cargados con insumos para la industria o anuncios de cambio de razón social de alguna empresa, eran algunas de las noticias que, con frecuencia, circulaban por sus páginas.
En 1919, tomó las riendas del emprendimiento Rafael Severino Perrotta. Descendiente de napolitanos y miembro de una familia de comerciantes y de ganaderos, su apellido estaría ligado al medio durante los siguientes 60 años.
Además de cofundador y socio mayoritario -había ingresado al paquete accionario de La Comercial en 1907-, Perrotta era el artífice de El Cronista Comercial. Fue en esa época -los de la sucesión de presidencias radicales, entre Hipólito Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear- en la que la empresa vio sus años de mayor desarrollo. La Institución Informativa Perrotta (nueva razón social de la sociedad madre) llegó a tener legajos de 1,5 millón de empresas de toda la Argentina, de Brasil y Uruguay, además de oficinas en estos países, Rosario, Bahía Blanca y Mendoza, entre otras ciudades del Interior, y agentes en todo el territorio nacional, Estados Unidos y Europa. El Cronista Comercial llegó a ocupar el lugar que ya no dejaría: el de medio de información de negocios por excelencia de la Argentina con miles de suscriptores en todo el país.
Cambio de ciclo
Los años siguientes significaron los primeros sacudones importantes de la historia moderna Argentina: la gran depresión económica mundial, en 1929, y, en 1930, el golpe militar que derrocó al gobierno de Yrigoyen, el primero de la historia del país. Ambos, acontecimientos cuya magnitud hacían virtualmente imposible que el diario se abstrajera, dado que causaron graves distorsiones en la actividad comercial de la década. Por ello, no es muy difícil entender por qué los editores de El Cronista Comercial estuvieron entre los más fervientes defensores de la Ley de Quiebras sancionada en 1933.
En 1938, El Cronista tuvo un nuevo cambio de timón. Fallecido Perrotta, asumió la dirección Carlos Malagarriaga. Abogado, profesor de Derecho Comercial, se desempeñaba como subdirector del diario desde 1922. En tanto, integraron el nuevo directorio Zambrini, Liberatore y María Ana Pereyra, la esposa de Perrotta. Poco después, se sumaron al proyecto sus hijos, Rafael Andrés y Ana María. A pesar de tantos cambios, la publicación mantuvo su rumbo. Por esos tiempos, el diario, crecido en páginas, ya era el medio en el que se expresaban los principales actores económicos del país. Ministros del Poder Ejecutivo, presidentes de las instituciones económicas, como la Bolsa de Comercio, la Sociedad Rural Argentina o la Cámara de Comercio, eran sus habituales columnistas.
La del '40 fue una década de profundos cambios en la Argentina. Algo a lo que El Cronista Comercial no fue ajeno. En 1946, año de la primera asunción de Juan Domingo Perón como Presidente de la Nación, los accionistas decidieron crear dos empresas, con las que escindieron la publicación del diario de la sociedad madre, que brindaba servicios de información comercial y financiera. Se sumó como socio Duilio Anzisi, quien poco antes había contraído matrimonio con la viuda de Perrotta.
Anzisi fue el cuarto director que tuvo el diario en cuatro décadas. Asumió en abril de 1947, en reemplazo del renunciante Malagarriaga. El nuevo timonel se desempeñaba desde hacía siete años como gerente general de la empresa.
Es poco probable que una publicación que nunca había negado su propósito explícito de impulsar los intereses de los sectores empresarios del país se encontrara en la situación más cómoda bajo el gobierno de uno como el peronista. Pero fue en esos años en los que El Cronista Comercial encaró su primer relanzamiento. Sin dejar de ser el medio referente del quehacer económico, comenzó a sumar en sus páginas información sobre otras temáticas, como política y sociedad.
En 1950, ganó protagonismo quien sería uno de los principales hacedores de la historia de El Cronista. Rafael Andrés Perrotta compartió con Anzisi la dirección desde ese año. A ellos les tocó pilotear los años agitados del peronismo. Como se encargaron de remarcar en sus editoriales, previnieron sobre "los males del intervencionismo estatal" en un período en el que esa era la principal bandera económica del gobierno.
La Argentina iniciaba, por entonces, el sendero más conflictivo de su historia reciente, signado por la proscripción del principal partido político, sucesivos golpes de Estado, gobiernos democráticos débiles y cíclicos estallidos económicos. Para El Cronista, marcó un período de decisiones -se disolvió la empresa de información crediticia- y de dificultades económicas.
La situación se revirtió en los '60. A principios de esa década, se incorporó un nuevo socio, Enrique Cánepa. Con su aporte, se fundó la Sociedad Anónima de Ediciones e Impresiones, o Sadei, la razón social que conservaría en las siguientes cuatro décadas. En 1962, Sadei adquirió a uno de sus competidores, El Avisador Mercantil, un medio especializado en quiebras. En 1968, ya con Perrotta como único director -Anzisi había renunciado en noviembre del año anterior-, El Cronista Comercial inició un proceso de expansión que alcanzó su punto máximo en 1971. Sin renunciar a la distribución por suscripción, ese año abrió su venta al público en la calle. Consolidado como el medio por excelencia de la prensa económica, El Cronista Comercial también contaba con secciones de espectáculos, noticias de interés general y hasta un suplemento de deportes.
Página oscura
Rafael Andrés Perrotta, "Cacho", nació en septiembre de 1920. A los 18 años, ya era propietario de El Cronista Comercial, por el fallecimiento de su padre. Cursó la carrera de abogacía en la Universidad de Buenos Aires (UBA), militó en las filas de la Acción Católica Argentina desde 1939 y formó parte de una organización de beneficiencia en el barrio de la Recoleta. A los 26 años, se casó con la arqueóloga Elena Bengolea. En 1947, nació su primer hijo, Rafael, y dos años después, el segundo, Santiago.
Tiempos de efervescencia social e ideologías a flor de piel, las décadas del '60 y del '70 impactaron con fuerza en el interior de un diario nacido por y para las empresas, entre las que predominaba una concepción ortodoxa de la economía. Pero, en esa época, muchos hombres de negocios comenzaron a formar parte de corrientes de pensamiento alternativas a las tradicionales. Sobre todo, a partir del desarrollismo que impulsó Arturo Frondizi desde su paso por la Casa Rosada (1958-62). Otra ideología en ciernes era la socialdemocracia. Perrotta fue uno de quienes impulsó esos cambios desde los medios de comunicación. Él mismo pasó de revistar en las filas del nacionalismo, en los '50, para comulgar con el progresismo, años más tarde.
Su amplitud intelectual no impedía al director de El Cronista Comercial ser amigo personal de José Alfredo Martínez de Hoz. O que visitara asiduamente al almirante Eduardo Emilio Massera, antes de que fuera uno de los integrantes de la Junta Militar que derrocó el gobierno de María Estela Martínez de Perón. Estas relaciones y otras, construidas con el tiempo y desde el lugar -social y periodístico- que Perrotta ocupaba, lo convertían en una de las personas mejor informadas de la Argentina.
Amigo de muchos de los principales empresarios del país y habitué de las casas de las más aristocráticas familias, tenía fluidos contactos con los principales políticos de la época. Su hijo, Rafael, hoy recuerda que Celestino Rodrigo, el ministro de Economía responsable del célebre Rodrigazo, mandó llamarlo para informarle en persona la medida que tomaría el día siguiente, a la vez que lo retenía para impedirle llegar a la redacción a horario para dar la primicia.
Perrotta también supo tener amigos entre intelectuales de izquierda, artistas y militantes sociales, y comportarse paternalmente con sus trabajadores, a los que trataba de igual a igual. Por entonces, el periódico incorporó a periodistas jóvenes, de plumas renovadoras, como Tito Amadeo, Jorge Riaboi, Ricardo Kirschbaum, Roberto Guareschi, Carlos Abalo, el periodista de cultura y asesor editorial César Magrini, el entonces cronista deportivo Eduardo Van der Kooy y, entre muchos otros, Susana Viau, Alberto Dearriba y Roberto "Tito" Cossa, editor de espectáculos, quien describió a Clarín, en 2005, el clima que se vivía en el diario: "Era un delirio: un diario de izquierda que tenía su público entre los agentes de Bolsa".
Pero este "delirio" tuvo dimensiones de tragedia. El gobierno de facto que se impuso en marzo de 1976 hizo desaparecer a un importante número de periodistas que escribían, o lo habían hecho, en El Cronista: César Azur, María Bododian, Miguel ngel Ramón Bustos, Luis Rodolfo Guagnini, Diana Griselda Guerrero, Héctor Gutiérrez Ruiz, Enrique Raab y Eduardo Suárez, además de su delegado sindical, Héctor Ernesto Demarchi, y dos de sus directores. Uno era Julián Delgado. El otro, Perrotta, quien engrosó la lista de desaparecidos en abril de 1977, muchos meses después de que había vendido el diario.
Sasetru y el grupo Mercado
Tras el deceso de Juan Domingo Perón en julio de 1974, a pocos meses de haber asumido su tercera presidencia, el país entró en crisis. Los problemas económicos arreciaron y, como otras empresas, El Cronista Comercial padeció las consecuencias. Sin publicidad, con deudas, inflación fuera de control y un plantel de más de 400 empleados, no pudo escapar al clima de crisis política y financiera que se vivió en esa mitad de los '70.
En 1975, la familia Perrotta se contactó con los directivos de Sasetru, el grupo agroalimentario que en 1949 habían fundado Néstor Jorge Salimei, Juan ngel Seitun y Jorge Trucco Aguinaga. Este conglomerado había adquirido, poco antes, la revista Mercado. En julio de 1976, El Cronista Comercial pasó a ser un nuevo activo de su cartera de inversiones. Julián Delgado, Alberto Borrini, Raúl Sarmiento y Mario Sekiguchi, directores de Mercado, asumieron la conducción del diario el 1º de agosto. "Nos gustaba parangonearnos con los Tres Mosqueteros, que en realidad eran cuatro", recuerda Borrini. Eran los tiempos de la tablita de Martínez de Hoz y del "déme dos". En lo editorial, el diario revalorizó su punto fuerte.
Recobró, con un enfoque moderno, la información de negocios, retornó a la economía como principal temática. Incorporó columnistas, información de The Wall Street Journal y generó nuevos productos, como el ya clásico anuario con la visión de los presidentes de las principales empresas del país. También lanzó el Premio El Cronista a la Publicidad Institucional.
"El Cronista Comercial era el diario al que todos admirábamos: había sentado las bases de la especialización en todo el país. El primer desafío fue comercial: hacer que los anunciantes volvieran a creer en él y lo apoyaran económicamennte, incluso, adelantando el pago de sus pautas anuales, un capital inicial muy importante", comenta Borrini.
"En las entrevistas que manteníamos con empresarios y ejecutivos, lo único que preguntaban era si íbamos a encargarnos personalmente de la dirección. Fue lo que hicimos y el diario fue recuperándose", agrega.
Sin embargo, en a mediados de 1983, Borrini, Sekiguchi y Sarmiento -Delgado había desaparecido en 1978- decidieron dedicarse exclusivamente al management de la sociedad. Nombraron como director al periodista Ricardo Frascara, quien ocupó el cargo hasta noviembre de 1985. Lo sucedió el economista Juan Carlos De Pablo.
La era del multimedia
A mediados de los '80, Eduardo Eurnekian, propietario de la textil Uzal, estaba interesado en construir un grupo de medios de comunicación de peso. Ya propietario de CableVisión -la operadora de televisión por cable más importante del momento- adquirió en sociedad con Luis Melnik, el Canal 2 de televisión abierta y las radios América y FM Aspen 102. Además, fundó la productora de contenidos Pramer.
Sumar un medio escrito era un eslabón clave para el emprendimiento y El Cronista Comercial fue el elegido. Lo compró en mayo de 1986, cuando ya había pasado la primavera alfonsinista. El proyecto fue competir en el segmento de los diarios generalistas, aunque sin resignar su perfil económico. Esa tarea fue encomendada a Raúl Burzaco, quien asumió como director el 1º de enero de 1987. Destacado periodista, había sido director del diario Tiempo Argentino.
Con él, se sumaron páginas, secciones, periodistas, suplementos y un nuevo nombre: El Cronista, a secas. Y comenzó a venderse, ya definitivamente, en la vía pública (la experiencia de 1971 no había dado los resultados esperados).
Fueron tiempos de expansión, diversidad y pluralismo. Con Jorge Castro como subdirector y Daniel Della Costa en la secretaría de Redacción, el diario sumó firmas de todo estilo, con columnistas como Hernán Büchi, Noam Chomsky, Emilio Cárdenas, Fernando Nadra, Emilio Corbiere, Eduardo Curia y Bernardo Neustadt.
La apuesta se reflejó en el nivel tecnológico. Las computadoras desplazaron a las máquinas de escribir y las rotativas sumaron color a su tirada. Pero lo más destacado fue el comienzo de la página web del diario: en 1994, el sitio Cronista.com fue pionero entre los medios gráficos del país. Además, entre 1990 y 1992, Sadei editó un diario vespertino, llamado Extra, que dirigieron José Ignacio López y, luego, Orlando Barone.
A fines de 1990, el economista Enrique Szewach sucedió a Burzaco en la dirección. Dimitió en julio de 1991. En septiembre de ese año, asumió el periodista Mario Diament, tras un interinato de Jorge Castro. Su gestión duró hasta noviembre de 1992, cuando tomó el control el empresario Dardo Gasparré. En agosto de 1994, fue el turno de Néstor Scibona, ahora, como director del diario en el que ya había trabajado desde los '80.
Bajo su gestión, El Cronista volvió a sus fuentes, como medio especializado en economía y creó una sección, Negocios, que luego se convertiría en un referente obligado del mercado periodístico local.
Del otro lado del Atlántico
El Cronista encontró al año 2000 en manos del grupo español Recoletos. Por entonces, este holding ibérico pertenecía a la británica Pearson, editora del Financial Times. Recoletos desembarcó en la Argentina en octubre de ese año, con la idea de apuntalar su crecimiento internacional. Editor en su país de los diarios Expansión (economía) y Marca (deportes), rescataron el nombre original, El Cronista Comercial, e impusieron a sus páginas el color salmón, signo distintivo de todos los periódicos económicos del grupo.
En el plano editorial, Recoletos completó el camino de retorno a los negocios y las finanzas. Además, culminó la integración de las revistas Apertura (negocios), Target (marketing y publicidad) e Information Technology (tecnología), títulos que se habían asociado a Sadei ya en la última etapa de la gestión de Eurnekian.
Entre mediados de 2002 y diciembre de 2006, la dirección quedó en manos de María Sánchez Laso. Durante esta etapa, El Cronista incorporó muchos de sus actuales suplementos y secciones, como Management e IT Business, y sumó las revistas Clase Ejecutiva y RPM. Además, remozó su clásico Anuario y editó la guía empresaria Quién es Quién.
En la puerta del centenario
Un cambio accionario de Recoletos en España forzó al grupo a desprenderse de sus activos en el exterior. Así, en septiembre de 2006, El Cronista Comercial se incorporó al Grupo de Narváez (GdN), holding que, bajo el liderazgo de Francisco de Narváez, controla, entre otras compañías, La Rural S.A., Rapsodia y Citrícola Ayuí, y participa en el Multimedios América, compuesto por el canal de televisión América, la señal de cable América 24 y las emisoras de radio La Red (AM) y Millenium (FM). Con el nuevo accionista, en enero de 2007, llegó Guillermo Kohan. Bajó su dirección, el pionero del periodismo de economía de la Argentina ingresó a su centenario, con cientos de historias aún por contar.











